domingo, 13 de noviembre de 2016

Un año después...


    Hoy, escribo una reflexión completamente personal e íntima. No es mi intención que todo el mundo la lea, solo ciertas personas. Además, esta es una forma de sentirme mejor conmigo mismo y de pensar con claridad. Se trata de una relación amorosa que tuve hace un año y que acabó desastrosamente.

        Han pasado 11 meses desde que cortamos. No hemos vuelto a hablar desde entonces. No he querido hablar con ella. No he querido saber nada de ella, aunque algún amigo de vez en cuando la menciona en alguna anécdota. Durante un largo tiempo la estuve odiando. El solo hecho de escuchar su nombre o pensar en ella me cabreaba. Además, no podía quitármela de la cabeza. Después de unos meses, conseguí al fin dejarla ir. De alguna manera, dejé de pensar en ella poco a poco, y ese odio fue desapareciendo. Ya no la odio, pero sigo sin querer tener ningún tipo de trato con esa persona.
Después de casi un año, la he vuelto a ver por primera vez. En el cumpleaños de un amigo que tenemos en común. Sabía que la iba a ver, pero aún así no pude evitar sentirme nervioso a la hora de la verdad. No entiendo el porqué. Ya no siento nada hacia ella. Quiero decir, no me importa lo que haga con su vida, siempre y cuando yo no tenga nada que ver. No me importa si tiene otro novio, si está soltera, o si se lía con alguno de mis amigos o conocidos (aunque preferiría que esto último no lo hiciese, primero porque no quiero que le haga daño a mis amigos; y segundo, porque eso implicaría tener que verla con cierta frecuencia).
Cuando la vi, el corazón me latía bastante rápido de lo nervioso que estaba. Me sentía muy incómodo en aquella situación. No quise saludarla, ni siquiera mirarla. Sin embargo, ella se acercó y me dijo “Anda que saludas”, a lo que respondí: “pues no”. Y es que ¿por qué coño tengo que saludar a alguien a quien ni siquiera quiero ver? Paso de formalidades y de actuar por compromiso. Al menos con una persona que en el pasado me hizo tanto daño. Me lo dijo además como si fuésemos amigos de toda la vida. Eso me irrita. Corté bruscamente con ella y no quise volver a saber nada, entonces ¿por qué después de un año, o de veinte, iba a haber cambiado de opinión por arte de magia?
Está claro que esto me ha afectado bastante. Aún tengo esa espina clavada. Esa noche me lo pasé bien con mis amigos, pero me sentía incómodo por estar en el mismo lugar que ella. Pero ¿por qué me afecta tanto, después de tanto tiempo? ¿Por qué soy incapaz de simplemente ignorarla y estar en paz conmigo mismo? Se suponía que ya lo había superado. Pero me he dado cuenta de que no es así.
He estado reflexionando sobre ello detenidamente, y me he dado cuenta de algo. El reencuentro trajo consigo recuerdos del pasado. Recuerdos desagradables. Ella me hizo sufrir demasiado. Más de lo que alguien me ha hecho sufrir nunca. Eso es algo que nunca voy a poder olvidar. Y el hecho más importante es que... nunca he llegado a perdonarla. Por eso tengo esa espina clavada aún. Por eso me molesta tanto verla. Y no solo eso, sino que ella nunca llegó a pedirme disculpas, y un año después me saluda como si nada hubiera pasado. ¿Y por mi parte? En ningún momento he sentido como si le debiera a ella alguna disculpa. Sí, soy yo quien terminó aquella relación, pero tenía muy buenas razones. No intento convencer a nadie de que yo soy una víctima o algo así. Soy consciente de que ella también habrá sufrido. Pero ¿es ella consciente de lo que sufrí yo? ¿Acaso le importa? En cualquier caso, no considero que le deba disculpas a ella. Simplemente le dije cómo me sentía. Fui completamente honesto y respetuoso en su día. Lo único de lo que me arrepentí fue de no haber cortado antes y me odié a mí mismo por haber dejado que me hiciese tanto daño. Fue una relación completamente tóxica. Ella me manipulaba emocionalmente y yo era un idiota, iluso e inexperto, y dejaba que lo hiciera.
Algo bueno que saqué de aquella experiencia es que nunca más dejaré que me pase algo así. Ahora sé identificar a las personas tóxicas y las intento alejar de mi vida todo lo posible. Es una de las razones por las que no quiero trato con ella.
Al mismo tiempo, esa relación me dejó muchas secuelas negativas. He notado que últimamente me he distanciado más. De mí mismo. De los demás. Me cuesta más confiar en las personas, me cuesta más abrirme a ellas. Todos tenemos un niño dentro de nosotros. Esa parte de mí ya no es la misma. Ese niño, esa inocencia, siento que se ha perdido, al menos en parte. Creo que me he vuelto más insensible. Menos empático. Y no quiero eso. No quiero ocultarme detrás de una coraza impenetrable. No quiero distanciarme de los demás. No quiero actuar por orgullo. No quiero insensibilizarme de las cosas que ocurren a mi alrededor, porque, si pasa eso, siento que cada vez seré menos humano.
Por supuesto, todo esto no es a causa solo de aquella relación. Solo es un factor más (aunque uno muy importante). He vivido otras experiencias dolorosas desde entonces que han provocado esta situación.
Tan solo quiero seguir siendo yo, en mi esencia, desprenderme de lo que no necesito y ser libre. Quiero librarme de mis cargas, y esta es una de ellas. Quiero perdonarla, solo para quitarme este lastre de encima y seguir avanzando en paz.

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