miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sueño invitado: Foto con Lee Min Ho


    Este sueño me lo ha enviado mi amiga Mabel, de quien ya publiqué otro sueño hace unas semanas. ¡Muchas gracias por la aportación!

Estaba de viaje con mi familia, incluidos tíos y primos por alguna región del norte de España. Resulta que nos encontramos con un salón manga y a mí me daba igual aunque mis primos querían ir (sobre todo los pequeñajos).
Cambié de opinión drásticamente cuando vi que había dos colas: una para entrar al salón manga, y otra para sacarse una foto con Lee Min Ho(actor coreano que hace poco estuvo en España rodando una serie y al cual no pude ver por tener clases). Me puse en la cola y mi familia se fue a ver el salón manga.
Pasaron dos horas, y cuando ya estaba a punto de tocarme a mí volvió mi familia. Me saqué una foto con Lee Min Ho, y quería aprovechar para decirle algo en coreano, ¡lo que sea!, pero misteriosamente se me había olvidado todo lo que sé de coreano. Entonces él le hizo un gesto al fotógrafo para que hiciera otra foto, esta vez en una extraña pose que quiso probar (a la pata coja y la pierna de arriba entrelaza con la mía). Aproveché y le dije cuánto le admiraba y cómo había decidido estudiar coreano tras ver sus series... Todo eso en español, él no entendió absolutamente nada, pero yo sonreí y me encogí de hombros, estaba feliz porque al menos se lo había dicho. La segunda foto quedó alucinante, y mi familia se acercó a verla.
No recuerdo qué chiste ni por qué mi primo, que es tan sólo un año menor que yo, parecía un maldito crío de primaria, pero sea lo que sea que hizo terminó colgado del cuello de Lee Min Ho. Eso en Corea del Sur es una falta de respeto si no tienes confianza con esa persona y sentí que me daba un ataque al corazón al verlo. Le grité a mi primo que parase y Lee Min Ho contestó en un perfecto español que no importaba. Yo le respondí que sí que importaba y que qué edad se creía que tenía... cuando me di cuenta de que me había hablado en español. Empecé a llorar y a gritarle a él a la vez que le tiraba las fotos a la cara: "Yo he venido para conocer a mi ídolo, no a un personaje de una serie. No estoy enamorada de ti, así que no me voy a comportar como una loca a pesar de que realmente me encantaron tus series. Debes de ser un buen actor porque como persona dejas mucho que desear".
Me desperté muuuuuy triste. Casi llorando, tanto que mi compañera de piso me preguntó qué demonios me pasaba y le dije "no tengo mi foto de Lee Min Ho". Cuando le conté el sueño ella dijo "Nunca la tuviste en primer lugar", pero... ¡es que ni en sueños puedo tenerla!

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Trabajando con el corazón

    ¿Quién iba a imaginar que una tradición se combinaría con la tecnología para salvar vidas? Así ha sido en América del Sur, donde algunas mujeres del pueblo de los aimaras trabajan con la empresa PFM S.R.L para fabricar implantes para niños con un problema congénito del corazón, el cual consiste en un pequeño agujero en el mismo (ductus arterioso persistente). Este pueblo está repartido entre Bolivia, Perú, Argentina y Chile y habitan allí desde tiempos precolombinos.
    Las mujeres aimaras aprenden a tejer desde pequeñas con técnicas heredadas y adquieren una gran habilidad. Dicha destreza es la que les permite tejer los implantes, ya que son tan pequeños y requieren de tanta precisión para ser fabricados que solo pueden realizarse artesanalmente. El material utilizado para los implantes es un hilo de nitinol, una aleación de níquel y titanio. Este es introducido en el cuerpo del niño y permite tapar el agujero del corazón, de manera que el paciente puede llevar una vida normal.
    Es curioso y a la vez inspirador ver este caso en el que tradición y progreso no solo son compatibles, sino que además ambos son necesarios. Es todo un ejemplo para un mundo en el que se pierden muchas tradiciones y se pone tanto énfasis en el progreso tecnológico.



Fuentes:

martes, 15 de noviembre de 2016

Sueño 25: El día en que lo perdí todo

Fecha: 08/10/2016.
Estaba en un buen momento de mi vida: me encontraba estudiando la carrera que de verdad quería, tenía buenos amigos e incluso me gustaba una chica.
Un buen día, asistí a un evento universitario muy importante. El lugar del mismo era un salón de celebraciones enorme, el cual disponía de una terraza aún más grande (tenía hasta jardines), donde me encontraba yo junto con un grupo de amigos y compañeros, y donde fácilmente cabían todos los alumnos de mi universidad y sobraba espacio. Todos íbamos vestidos de etiqueta.
En un momento dado, hubo un conflicto entre un grupo de personas. Conocía a uno de ellos de vista y había tratado con él alguna vez; además, tenía una buena opinión sobre él. Al parecer estaba a punto de desatarse una pelea bastante seria (con peligro de muerte), así que decidí intervenir en defensa de este chico. Sus acompañantes y él aprovecharon para alejarse, pero los contrincantes no querían dejar que se fueran, de manera que se dedicaron a buscarlos durante toda la noche.
Recuerdo que traté de enfrentarme al grupo de los agresores, advirtiéndoles de que se marcharan y no buscasen más problemas, pero estaban tan ofuscados en su persecución que, a pesar de mis empujones, me ignoraban todo el rato. No recuerdo haber peleado contra ellos, pero por lo que pasó a continuación, debió de ser así, y por las consecuencias deduzco que seguramente fue una lucha muy fuerte. Antes de que acabase la noche, me encontré con el chico de antes, el cual llevaba puesta una peluca de mujer para que no le reconociesen. Tras bromear con él por su apariencia, le advertí seriamente que se fuese de allí, ya que si le encontraban le iban a reconocer igualmente. A pesar de haberle defendido, no me agradeció ni volvió a hablar conmigo nunca más.
Poco después, a causa de aquel altercado, me llegó un comunicado de la universidad informándome de que quedaba expulsado (como he dicho, no recuerdo qué pasó que fuera tan grave como para llegar a ese punto). Para poder acceder a cualquier carrera, tenía que hacer de nuevo Selectividad en la próxima convocatoria, y si no lo hacía, tendría que realizar las reválidas, ya que esa era la última convocatoria y además no disponía apenas de tiempo.
Poco a poco, mis amigos se fueron separando de mí. El último que se fue de mi vida fue porque había comenzado a ignorarme. Paralelamente, la chica hacia la cual tenía sentimientos resultó que ella también los tenía por mí. Sin embargo, cuando al fin conseguí tener algo con ella, me dio la noticia de que se marchaba a otro país a trabajar, con lo cual no seguimos juntos.
Recuerdo que después de aquello, conocí a otra chica que estuvo tonteando conmigo y yo, con la esperanza de olvidarme de la que se había ido, le seguí el juego e incluso llegamos a acostarnos más de una vez. Pero eso no me hizo sentir ni siquiera un poco mejor, así que dejé de verla.
De esa forma, me quedé completamente solo. Sin nadie con quien hablar, sin nadie a quien amar... Los días pasaban y yo simplemente estaba tumbado en el sofá, sin saber qué hacer. Me sentía totalmente vacío por dentro. “Lo tenía todo: la carrera que quería, buenos amigos, a ella... y ahora no tengo nada... No tengo nada...”, pensé. En ese momento comencé a llorar y es justo cuando me despierto.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Un año después...


    Hoy, escribo una reflexión completamente personal e íntima. No es mi intención que todo el mundo la lea, solo ciertas personas. Además, esta es una forma de sentirme mejor conmigo mismo y de pensar con claridad. Se trata de una relación amorosa que tuve hace un año y que acabó desastrosamente.

        Han pasado 11 meses desde que cortamos. No hemos vuelto a hablar desde entonces. No he querido hablar con ella. No he querido saber nada de ella, aunque algún amigo de vez en cuando la menciona en alguna anécdota. Durante un largo tiempo la estuve odiando. El solo hecho de escuchar su nombre o pensar en ella me cabreaba. Además, no podía quitármela de la cabeza. Después de unos meses, conseguí al fin dejarla ir. De alguna manera, dejé de pensar en ella poco a poco, y ese odio fue desapareciendo. Ya no la odio, pero sigo sin querer tener ningún tipo de trato con esa persona.
Después de casi un año, la he vuelto a ver por primera vez. En el cumpleaños de un amigo que tenemos en común. Sabía que la iba a ver, pero aún así no pude evitar sentirme nervioso a la hora de la verdad. No entiendo el porqué. Ya no siento nada hacia ella. Quiero decir, no me importa lo que haga con su vida, siempre y cuando yo no tenga nada que ver. No me importa si tiene otro novio, si está soltera, o si se lía con alguno de mis amigos o conocidos (aunque preferiría que esto último no lo hiciese, primero porque no quiero que le haga daño a mis amigos; y segundo, porque eso implicaría tener que verla con cierta frecuencia).
Cuando la vi, el corazón me latía bastante rápido de lo nervioso que estaba. Me sentía muy incómodo en aquella situación. No quise saludarla, ni siquiera mirarla. Sin embargo, ella se acercó y me dijo “Anda que saludas”, a lo que respondí: “pues no”. Y es que ¿por qué coño tengo que saludar a alguien a quien ni siquiera quiero ver? Paso de formalidades y de actuar por compromiso. Al menos con una persona que en el pasado me hizo tanto daño. Me lo dijo además como si fuésemos amigos de toda la vida. Eso me irrita. Corté bruscamente con ella y no quise volver a saber nada, entonces ¿por qué después de un año, o de veinte, iba a haber cambiado de opinión por arte de magia?
Está claro que esto me ha afectado bastante. Aún tengo esa espina clavada. Esa noche me lo pasé bien con mis amigos, pero me sentía incómodo por estar en el mismo lugar que ella. Pero ¿por qué me afecta tanto, después de tanto tiempo? ¿Por qué soy incapaz de simplemente ignorarla y estar en paz conmigo mismo? Se suponía que ya lo había superado. Pero me he dado cuenta de que no es así.
He estado reflexionando sobre ello detenidamente, y me he dado cuenta de algo. El reencuentro trajo consigo recuerdos del pasado. Recuerdos desagradables. Ella me hizo sufrir demasiado. Más de lo que alguien me ha hecho sufrir nunca. Eso es algo que nunca voy a poder olvidar. Y el hecho más importante es que... nunca he llegado a perdonarla. Por eso tengo esa espina clavada aún. Por eso me molesta tanto verla. Y no solo eso, sino que ella nunca llegó a pedirme disculpas, y un año después me saluda como si nada hubiera pasado. ¿Y por mi parte? En ningún momento he sentido como si le debiera a ella alguna disculpa. Sí, soy yo quien terminó aquella relación, pero tenía muy buenas razones. No intento convencer a nadie de que yo soy una víctima o algo así. Soy consciente de que ella también habrá sufrido. Pero ¿es ella consciente de lo que sufrí yo? ¿Acaso le importa? En cualquier caso, no considero que le deba disculpas a ella. Simplemente le dije cómo me sentía. Fui completamente honesto y respetuoso en su día. Lo único de lo que me arrepentí fue de no haber cortado antes y me odié a mí mismo por haber dejado que me hiciese tanto daño. Fue una relación completamente tóxica. Ella me manipulaba emocionalmente y yo era un idiota, iluso e inexperto, y dejaba que lo hiciera.
Algo bueno que saqué de aquella experiencia es que nunca más dejaré que me pase algo así. Ahora sé identificar a las personas tóxicas y las intento alejar de mi vida todo lo posible. Es una de las razones por las que no quiero trato con ella.
Al mismo tiempo, esa relación me dejó muchas secuelas negativas. He notado que últimamente me he distanciado más. De mí mismo. De los demás. Me cuesta más confiar en las personas, me cuesta más abrirme a ellas. Todos tenemos un niño dentro de nosotros. Esa parte de mí ya no es la misma. Ese niño, esa inocencia, siento que se ha perdido, al menos en parte. Creo que me he vuelto más insensible. Menos empático. Y no quiero eso. No quiero ocultarme detrás de una coraza impenetrable. No quiero distanciarme de los demás. No quiero actuar por orgullo. No quiero insensibilizarme de las cosas que ocurren a mi alrededor, porque, si pasa eso, siento que cada vez seré menos humano.
Por supuesto, todo esto no es a causa solo de aquella relación. Solo es un factor más (aunque uno muy importante). He vivido otras experiencias dolorosas desde entonces que han provocado esta situación.
Tan solo quiero seguir siendo yo, en mi esencia, desprenderme de lo que no necesito y ser libre. Quiero librarme de mis cargas, y esta es una de ellas. Quiero perdonarla, solo para quitarme este lastre de encima y seguir avanzando en paz.

martes, 8 de noviembre de 2016

La aldea de la igualdad

 

    Hace poco di con un artículo que llamó mucho mi atención. Trata sobre una aldea en Etiopía, Awra Amba, donde existe igualdad en todos los aspectos: todos trabajan la misma cantidad de horas (salvo que deseen trabajar más), todos cobran lo mismo (excepto cuando alguien trabaja más horas, entonces el excedente se lo queda esa persona), no existe distinción alguna de sexo, ideología o creencias y todos los niños pueden ir a la escuela. Incluso disponen de una residencia de ancianos gratuita.
    Es una sociedad cuyos valores están basados en la cooperación y el esfuerzo conjunto de todos sus miembros. Algo totalmente inesperado y difícil de conseguir, especialmente en un lugar donde las tradiciones están tan arraigadas.
    Sin duda, observando esta forma de vivir encontramos todo un ejemplo a seguir, no refiriéndonos a política o economía, sino a los valores morales que se inculcan en este colectivo: compartir, ayudar a los demás, el bienestar de uno es el de todos... En contrapartida con muchas sociedades actuales, aquí no hay lugar para el egoísmo o la codicia.
    Os dejo un documental sobre esta increíble aldea (el único inconveniente, para los que no entiendan, es que está en inglés):

   

Fuente: La aldea etíope de la igualdad