lunes, 25 de julio de 2016

"I am a misfit"

    Hoy os traigo una historia de fortaleza y superación. Alguien que ha sufrido bullying durante gran parte de su vida, y solo con 14 años ya ha soportado más de lo que cualquier niño debería. Sin embargo, este es un caso bastante peculiar.
    Por desgracia, no todos nacemos con un cuerpo afín a nuestra sexualidad. Existen personas que nacen con el cuerpo de un niño y sin embargo, se sienten niñas. Y no son menos humanos que el resto, ni monstruos, ni aberraciones; simplemente han nacido con el físico equivocado. No es algo que suceda con demasiada frecuencia y mucha gente no entiende esta realidad, por tanto no están dispuestos a aceptarla. Muchos no se dan cuenta de que si intentasen conocer a alguien de estas características, descubrirían que es una persona normal como otra cualquiera.
    Corey Maison es una niña transgénero que posee el cuerpo de un niño. Durante muchos años, lo ha pasado muy mal porque nunca ha sido aceptada por los demás, pero gracias a su valentía y al apoyo incondicional de sus padres ha seguido adelante y ha conseguido llegar a ser feliz a pesar de todas las dificultades.
    En este vídeo cuenta su motivadora e inspiradora historia, la cual no te dejará indiferente.

    Por último, a aquellos que se encuentren en una situación parecida o se sientan identificados con Corey, quiero desearos mucho ánimo y fuerza. Jamás os rindáis.


lunes, 18 de julio de 2016

Sueño 22: Peleando con la Yakuza


Me encontraba de noche conduciendo mi coche por una carretera totalmente oscura sin ningún tipo de iluminación salvo la luz de la luna. A ambos lados del carril había bosque. Sin embargo, no era un bosque ordinario. Solo había árboles completamente secos, y no eran muy grandes. Además, una extraña niebla los cubría, mientras la carretera estaba despejada.
De repente, un vehículo negro vino de frente y me cortó el paso. Se bajaron 4 hombres, también vestidos de negro, y el conductor me indicó que bajase yo también. Lo hice despacio y con cautela, aunque era como si ya lo hubiese vivido antes. Sabía de antemano lo que iba a pasar en ese momento. Los cuatro sacarían sus armas para matarme, pues pertenecían a la Yakuza.
Anticipándome a mi “visión”, corrí hacia ellos con la finalidad de confrontarlos, ya que iba a morir de todas formas y de esa manera tendría alguna posibilidad de salvarme. El más adelantado de ellos me apuntó con una pistola y disparó. La bala acertó en mi hombro derecho. Era un dolor agudo, pero soportable. Me abalancé sobre él, le di un par de golpes y le quité el arma. Los demás no podían dispararme sin arriesgarse a darle a su compañero.
Cuando conseguí el arma, de pronto era como si fuese un juguete, como si no fuese capaz de herir a nadie con eso. Disparé a mi atacante y a los demás, que corrieron a cubrirse. Creo que no llegué a matar a nadie. Aproveché la situación para huir por los bosques. Se oían tiros a mis espaldas pero ninguno me dio.

Tras un rato corriendo, salí a un pueblo. Veía algunos edificios, pero no divisaba a ninguna persona o vehículo. Aún así, seguí corriendo, pidiendo ayuda a gritos desesperadamente.