viernes, 22 de enero de 2016

Sueño invitado: Cara a cara con mis miedos

Fecha del sueño: 14/01/2016.
Hoy tenemos una gran sorpresa. Este sueño me lo ha enviado nada más y nada menos que la persona gracias a la cual existe el Diario de Sueños. Así es, se trata de mi íntima amiga, más bien hermana, Amanda. Aquí os dejo su cuenta de Twitter: @silverlobita.
Una vez más, os animo a todos a enviarme vuestros sueños para que sean publicados. Gracias a vuestros aportes este blog se enriquece cada vez más.

El sueño no recuerdo muy bien cómo comienza. Estaba todo en blanco y... De pronto mi hermano, yo y alguien más que no recuerdo pero que estoy segurísima de que conozco en la realidad (creo que se trataba de mi guardián) aparecimos en una especie de sala, un mundo, un lugar ajeno... No sabría cómo describirlo. El lugar tenía paredes, pero no se apreciaban. Era como si hubiese un límite, el cual fueran esos muros transparentes desde los que se podía observar el universo: las estrellas y un cielo muy oscuro, más que una noche cerrada.
De repente, todo se volvió extraño. Los muros parpadeaban, como si la transparencia de ese universo se tornase de color "nada". Y la nada volviera a esa transparencia, y así sucesivamente, como las luces intermitentes de los balcones y los árboles de Navidad.
Comenzamos a hablar sobre algo relacionado con un conocido nuestro, no recuerdo muy bien el qué. Poco después, guardamos silencio y mi hermano, sin ver nada pero esperando a que yo viese algo, me señaló al frente y me dijo "¿Y bien? ¿Ves algo?". Eché un vistazo a mi alrededor hasta llegar con mi vista hacia donde él señalaba. "No... No veo nada" respondí, extrañada.
En ese instante surgió frente a nosotros una especie de mujer demoníaca. Tenía los ojos enormes, sorprendentemente grandes y terroríficos, completamente en blanco. Su cara era redonda y por la zona de la barbilla un poco cuadrada, sin mofletes y muy blanca, blanquísima, con flequillo y el pelo alborotado por encima de los hombros (Diría que era morena, pero la zona que cubría su espacio estaban completamente bañados en un color gris). Su expresión facial era totalmente maligna; sus dientes, afilados; su cuerpo, delgado y sus brazos, largos y desfigurados...
Quería moverse pero algo se lo impedía. Se desvanecía como intentando teletransportarse, pero aparecía de nuevo en el mismo lugar haciendo que sus esfuerzos fueran en vano. Algo la anclaba a donde estaba. Aquel ser me miraba y chillaba. Yo sentía mucho miedo, estaba aterrada. Sin saber por qué, no podía dejar de mirarla. Mis piernas comenzaron a caminar hacia ella. Yo no quería, pero algo me impulsaba a acercarme cada vez más. No sabía si ella estaba enfadada, asustada o malvadamente contenta al ver que una ingenua se le aproximaba sola y sin protección. Sin embargo... parecía que estaba aún más asustada que yo. A cada paso que daba, más aullaba desconsoladamente, comenzaba a aparecer y a desaparecer cada vez más deprisa conforme yo estaba más cerca de ella. Hasta que me encontré frente a ella, muerta de miedo sin saber por qué coño no salía corriendo de allí. Estaba fijada a ese sitio por unas cadenas invisibles que la presionaban, como si estuvieran ardiendo, y se hacían más consistentes cuanto más me arrimaba. Me pegué a su cara... Ya no sentía miedo, me daba pena... En ese momento, cara a cara... "¡¡¡AAAAAAAAHHHHHHHH!!!" Comenzó a chillarme y yo me reí forzosamente por su desagradable gesticulación y el horror de su grito. Entonces, una luz nos rodeó y ella empezó a desaparecer junto con sus berridos hasta que se desvaneció por completo.

Todo se volvió blanco de nuevo y desperté a mitad de la noche. En mi cabeza retumbaba el eco de los sonidos descontrolados de aquella criatura.

domingo, 17 de enero de 2016

Sueño 20: Entre fantasmas

    

    Fecha del sueño: 10/01/2016.
    A modo de curiosidad: Jazmina, Yasmina y Yasmin son variantes del mismo nombre. Es de origen árabe y significa "bella como la flor del jazmín".

Vivía solo en una casa muy grande. Bueno, al menos en teoría. Era tan grande que nunca llegué a recorrerla entera. Por la historia de aquel lugar, puedo decir que era bastante antiguo, si bien tenía un aspecto moderno; seguramente lo habrían reformado. Tanto las paredes, como el suelo, como las puertas eran blancos (incluso las sábanas de mi cama). Lo único que no era blanco de esa casa eran los muebles y la puerta principal, de color madera.
Aunque vivía yo solo, no era el único ente que se encontraba allí. Había espíritus de otras personas que habían habitado el lugar antaño y habían fallecido. De vez en cuando se aparecían. Casi siempre iban a lo suyo y no me hacían mucho caso: se paseaban, hablaban entre ellos... hasta había una chica que limpiaba la casa, lo cual me ahorraba un trabajo considerable. Aún así, yo cada vez que los veía los saludaba educadamente, a pesar de que me solían ignorar.
Cerca de la entrada había una habitación a la que nunca podía entrar, ya que cuando pasaba por ahí estaba el espíritu de un hombre de unos 30 años vigilando en la puerta y manteniéndola cerrada. No tenía ni idea de lo que ocurría ahí dentro, aunque a juzgar por los sonidos, me lo podía imaginar.
De manera que yo hacía mi vida y convivía pacíficamente con los demás. No me entrometía en sus asuntos y ellos no me molestaban.
Un día salí de fiesta y al volver, lo hice con unos amigos. Al entrar en casa, saludé al antiguo anfitrión del lugar como de costumbre, el cual siempre recibía a la gente de fuera. Curiosamente, era el único hombre que conocía de allí, ya que era un difunto familiar mío.
Mis amigos y yo nos sentamos en el sofá y comenzamos a hablar. Uno de ellos se quedó mirando al anfitrión e hizo un comentario.
-¿Es que los puedes ver?- le pregunté, convencido de que yo era el único que podía ver los espíritus. Al parecer, él también podía.
-Claro que los veo- me respondió, aunque estaba asombrado-. Pero si tú dejas de pensar en ellos, desaparecen.
Aquello me sorprendió, pero más tarde pude comprobar que era cierto.
Una mañana, la chica que limpiaba la casa estaba en la ventana de mi habitación haciendo su trabajo. La vi de cerca por primera vez. Tendría más o menos mi edad, el pelo oscuro y liso recogido en una coleta, los ojos marrón oscuro y unas largas pestañas. Era muy guapa y yo no pude resistirme a ligar con ella. Le pregunté su nombre. “Jazmina”, me contestó (un nombre extraño, pero bueno). “Jazmina, eres una chica muy guapa”, traté de seducirla. Acto seguido le di un beso en la mejilla. Por lo visto a ella le gustó, porque después se acercó a mí y nos besamos.
Me desperté en mitad de la noche. No podía dormir, así que pensé que dormiría mejor acompañado. Recordé entonces lo que me dijo mi amigo, que los espíritus solo aparecían cuando pensaba en ellos. Así que lo hice. Comencé a llamarla en un susurro: “Jazmina...” y funcionó. Enseguida vino hacia mí.

Lo último que recuerdo fue, al despertarme por la mañana, pasar por delante de unas escaleras que ascendían a un piso superior. Nunca las subía, porque en los escalones había tres niñas con vestiditos de colores y con las caras pintadas de una manera que no inspiraban ninguna confianza, y más sabiendo que no estaban vivas. Ellas siempre me decían, con unas voces siniestras, que subiese, pero yo nunca lo hacía. Me daba miedo.

miércoles, 13 de enero de 2016

Un invierno más cálido gracias a ti

    Imagina por un momento que vas en el metro y ves a una persona sentada sin camiseta, tiritando de frío y con un aspecto no muy sano. ¿Qué harías?
    Este ciudadano de Nueva York llamado Jay, se encontró en esa situación y sin dudarlo, fue tan amable de darle al pobre hombre su propia camisa y su gorro, ofreciéndole incluso a llevarlo a un hospital.
    Lazaro Nolasco observaba la escena y pensó que era un gesto que no debía pasar desapercibido, por lo que decidió grabarlo. El vídeo se hizo viral en solo unos días y la noticia fue publicada en el New York Daily News .
    Una vez más, es reconfortante ver este tipo de acciones nobles que indudablemente nos marcan un ejemplo a seguir y nos llenan de optimismo.

 

sábado, 9 de enero de 2016

Sueño 19: Senderismo por un campo de minas

Fecha del sueño: 09/01/2016.
Era un día como cualquier otro: soleado, cielos despejados. Mis amigos y yo decidimos ir a hacer senderismo a lo que parecía una sierra. El sendero en cuestión era ancho y de tierra. A los lados del mismo, se veían los árboles y vegetación propios de las montañas mediterráneas (pinos principalmente).
Ascendimos durante todo el sendero hasta llegar a una casa de madera, la cual seguramente era de uno de los del grupo, pues nos quedamos en ella un tiempo. No recuerdo cuánto, quizá unos días.
Cuando nos dispusimos a bajar de nuevo para volver a nuestras casas, algo había cambiado. No sabía el qué, pero el ambiente era diferente. De repente, se escuchó una explosión. Un grupo de personas subían corriendo hacia nosotros. Después de recuperar el aliento, nos contaron que unas personas habían enterrado minas a lo largo del sendero, y que además estaban buscando y asesinando a la gente. También nos dijeron que inicialmente eran más en el grupo, pero algunos habían muerto. Las minas no eran mortales, pero la explosión te mandaba por los aires y como mínimo te dejaba herido y sin poder caminar bien, lo que te hacía presa fácil para los que nos estaban buscando.
Seguimos bajando el sendero (no podíamos hacer otra cosa que intentar huir) con mil ojos para no pisar ningún explosivo y deseando no encontrarnos con nadie más. Afortunadamente, las minas no eran demasiado difíciles de detectar, dado que no habían sido enterradas muy profundamente. No íbamos todos juntos; algunos se rezagaron un poco. Yo iba en cabeza.
En una curva del camino, de repente se acercaron dos coches. De uno salió una pareja de jubilados, probablemente buscando un lugar más seguro. Nosotros, con desconfianza, les dijimos que se fueran inmediatamente.
Del otro coche salió un hombre de mediana edad, de tez morena. Le dijimos que se fuera también, pero insistió en que estaba buscando a alguien de nuestro grupo, de manera que dejamos que fuera.
Poco tiempo después, más adelante en el recorrido, se acercó un grupo de gente dando voces y llamándonos. La mayoría de los míos retrocedieron, pero yo me quedé, ya que enfrente de mí vi a mis padres. Aún así, no sabía quiénes eran los otros ni si tenían algo que ver con las minas, así que todavía desconfiaba.

Me desperté en mi cama. Vivía en un piso compartido. En ese momento solo estaban mi compañera, que tendría entre 20 y 30 años, y mi madre. Nunca me había llevado bien con mi compañera, pero jamás me imaginé que fuera una criminal.
Recién levantado, me dirigí a la puerta de mi habitación y la abrí, pero solo un poco. Mi compañera estaba frente a la puerta de al lado, que era la del baño. En ese momento, mi madre estaba dentro, en la ducha. La chica entonces abrió un poco la puerta, sin que mi madre se percatara, tiró un objeto dentro y cerró de nuevo, sujetando la puerta con fuerza para que no se pudiese abrir.
Yo, viendo la escena me imaginé que aquel objeto sería algún explosivo: una granada, una bomba de gas o similar, así que sin dudarlo salí de mi habitación y golpeé a mi compañera, la arrastré hacia el salón y comencé a estrangularla. No quería matarla, solo la dejé inconsciente durante unos minutos. Acto seguido fui al baño y le grité a mi madre que saliese corriendo, que la otra había tirado algo dentro e iba a explotar. A continuación, los dos huimos de aquel piso.
En ese momento suena el despertador...

miércoles, 6 de enero de 2016

Hogar, dulce hogar

    

    ¡Hola a todos! ¡Feliz año nuevo! Esta es la primera publicación del año, también a modo de regalo de Reyes. ¡Pasad un buen día!
    A menudo, damos por sentado muchos elementos en nuestras vidas, por ejemplo nuestra casa. Sin embargo, no todo el mundo puede disfrutar de este privilegio y algunos se ven obligados a vivir en la calle. 
    Esta ha sido también la preocupación de algunas personas que decidieron hacer algo al respecto y darle un hogar a aquellos que no lo tienen. Es el caso de Elvis Summers, un ciudadano residente en Los Ángeles, California, quien ha construido pequeñas casas para personas sin techo e incluso tiene una página web destinada a donaciones para este proyecto: Tiny House Huge Purpose
    Asimismo, en Washington, una niña de tan solo 9 años, llamada Hailey Fort, con el lema de "Love Wins" (el amor gana) tomó también esta iniciativa y además tiene el propósito de alimentar a estas personas con su huerto ecológico. Igualmente, dispone de una web para donaciones: Hailey's Harvest.
    No menos importante, el arquitecto James Furzer, de Dagenham, Londres, pretende diseñar y construir "viviendas lapa" con su proyecto Homes for the Homeless. Estos son pequeños refugios ensamblados a los edificios. 
    Es un trabajo admirable y altruista. Inspira y alegra saber que hay personas así en el mundo.
    A continuación, os dejo unos vídeos de esta buena gente y las fuentes para más información (nota: algunas páginas están en inglés, pero he añadido enlaces en español para que todos lo puedan entender):
    Elvis Summers:
    -Tiny House
    -Construye casas para personas sin hogar
    Hailey Fort:
    -9 year old building small shelters 
    -"Ella tiene un gran corazón"
    James Furzer:
    -Homes for the Homeless
    -Casas "lapa" para los sin techo