miércoles, 26 de agosto de 2015

Sueño 18: El "accidente" y las escaleras sin retorno

Fecha del sueño: 26/08/2015.

Un amigo y yo caminábamos por la calle. Nos encontrábamos en un lugar muy parecido a un barrio que yo conocía, pero más tarde se vio que no era exactamente ese lugar, pues había cosas diferentes, como si se tratase de otra dimensión.
Pasamos por un parque donde había un grupo de personas, al parecer de fiesta. Algunos se nos acercaron preguntando dónde estaba cierto sitio. Tras responder, seguimos nuestro camino y entramos a un edificio. Era muy parecido a aquel en el que vivían mis difuntos abuelos, pero sin llegar a ser el mismo. Además, cuando comenzaba a subir las escaleras pasaba algo muy extraño: parecía que hubiese infinitas plantas, y conforme avanzaba, al mirar atrás siempre había una puerta en mitad de la escalera, de manera que no podía retroceder. Aquellas escaleras cambiaban a medida que las recorríamos (lo curioso es que no es la primera vez que sueño con ese edificio). Todas las puertas de las viviendas eran iguales: grandes, antiguas y de madera oscura. Al rato, nos detuvimos en una y llamamos. Yo pensaba que era al azar, pero en realidad fue como si hubiese sido guiado hacia allí. El piso era el cuarto y encima de la puerta había escrito un 1 en color dorado.  Nos abrió un hombre de unos 60 años, semicalvo con pelo en los lados de la cabeza, un bigote poblado y gafas. Pareció alegrarse de vernos, como si ya nos conociera. Y lo cierto es que me resultaba familiar.
-Se parece usted a mi abuelo- le dije. Él sonrió y dijo conocer a mi abuelo. Probablemente era uno de sus hermanos (no estoy seguro, pues no llegué a conocerlos). Dentro de la casa había dos personas más: una chica joven de cara redonda, la cual también me resultó familiar, si bien no sabía quién era; y una señora mayor, más o menos de la edad del otro hombre. Saludé y en ese momento llamaron a mi amigo por teléfono. Dijo que no había comido aún. Entonces los demás, muy amables, prepararon un plato para él.
Fuimos con el señor hacia el balcón. Una vez fuera, él hablaba, pero yo no escuchaba lo que decía puesto que miraba horrorizado la escena que tenía lugar en la calle. Un grupo de unas 10 o 20 personas golpeaban enfadados un coche que intentaba pasar por una de las calles. Detrás del mismo había un autobús. Tras un rato así, los conductores decidieron pasar sin importar que hubiese gente en medio. El coche no pilló a nadie, pero no pasó lo mismo con el otro vehículo. A algunas personas no les dio tiempo a quitarse y fueron arrolladas sin miramientos. El autobús no se detuvo. La escena posterior era gente arrastrándose por el suelo y gritando de dolor.
-¿Te acuerdas de eso?-preguntó el señor. En ese momento, aquella escena fue como si la estuviese viendo en las noticias. Parecía que él me estaba mostrando esas imágenes con alguna finalidad.
-No- respondí.
-Hace un año.
¿Qué significaba aquello? No supe si se refería a la catástrofe que acababa de ver o a otra cosa. En ese momento me despierto. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Fragmentos del alma


En determinados momentos de nuestra vida, cuando no nos encontramos bien emocionalmente, necesitamos una vía de escape, una manera de expresarnos para sentirnos mejor con nosotros mismos. En mi caso, simplemente comenzar a escribir lo que sale de mí en esos momentos es una de las formas que cumplen este fin. 
Todos tenemos pensamientos oscuros que ocultamos o enterramos en la profundidad de nuestro ser, pero que en momentos de bajos emocionales acaban saliendo a la superficie. Esta reflexión se basa en la necesidad de plasmar esos sentimientos ocultos, los que nadie o casi nadie conoce. Tan solo necesitaba una manera de expresarme. Os presento un fragmento de la parte más oscura de mi alma

Parte I: ¿Qué debo esperar?
Soy idiota. Al menos así me veo yo cuando me miro al espejo. Me paso la vida esperando y esperando cosas que parece que nunca van a llegar. Todo el mundo me dice "llegará", pero cada vez me suena más vacío. No veo que nada de lo que espero llegue. Estoy perdido en mitad de un océano con la constante sensación de que me voy a ahogar en cualquier momento. De vez en cuando algo bueno pasa, algo que me hace recuperar la ilusión en mí mismo, la esperanza de compartir mi vida con alguien más, de hacer algo más. Sin embargo, se desvanece de repente, tan fugaz e inesperadamente como vino a mi vida, antes incluso de que tome forma definida.
Mi vida se basa en buscar destellos de luz que de vez en cuando se divisan en medio de la más profunda oscuridad. Busco la luz, pero no encuentro el camino. Siento que me hundo, luego consigo salir un poco a flote y respirar una o dos bocanadas de aire fresco, antes de volver a hundirme de nuevo.
¿Es esto lo que debo esperar? Desorientado siempre, buscando algo que no depende de mí para encontrarlo, solo llega y/o se va en cualquier momento.
Algunos piensan que es una estupidez pensar en ello. Algo de razón tienen. No me lleva a ningún lado hacerlo. Pero no puedo evitarlo. Por eso soy un idiota. Me hago ilusiones con lo que puede llegar a ser, pero nunca es. Entonces la caída es inminente...
¿Perderé la esperanza algún día? No lo sé. Todo es incierto para mí. De momento ahí sigo, aferrándome a lo poco que puedo, retazos de felicidad. Preguntándome si algún día llegará la verdadera luz, la que me saque de este pozo sin fondo, de este océano y me lleve a tierra firme, donde pueda respirar.

Parte II: Un rayo de luz
He visto uno. Un destello de luz. Lo he seguido hasta quedar bañado en él. Durante una noche estuve en un lugar cálido, donde no existían las preocupaciones. Ojalá durase para siempre esa sensación de calma y paz encontrada en medio de una tormenta.
Pero ahora ha vuelto a desaparecer, vuelvo a estar sumido en la oscuridad. Solo puedo esperar a ver la misma luz, no obstante, sin saber si lo haré ni cuándo.
Toda nuestra existencia está condicionada por el tiempo, un tiempo que muchas veces es absorbido por cosas consideradas más importantes o menos, cuando en realidad lo que verdaderamente importa escapa a nosotros y en la mayoría de los casos ni siquiera está remotamente relacionado con aquello que se suele considerar de importancia.
Esclavos del tiempo y del dinero, eso es lo que somos. Pero no quiero serlo más. Tampoco he encontrado la manera de romper las cadenas, pero lo haré. Donde hay una voluntad, hay un camino.
¿Será este nuevo rayo de luz el que me salve? ¿El que me guíe fuera de la oscuridad? Solo el tiempo lo dirá. Pero creo que he aguantado demasiado. No quiero esperar más. Quiero saltar, pero tengo miedo de caerme...

Parte III: Y de nuevo... oscuridad
 La historia se repite. Aquel fugaz rayo de luz pronto se desvaneció, dejando tras de sí una sensación de vacío que siempre había estado ahí, pero al llenar el hueco y volver a vaciarlo parece que es mayor. Una cosa tengo clara: jamás olvidaré ese sentimiento de estar pleno por fin, de no desear nada más. Aquella calma, paz y calor acogedor que ya no recordaba. Lo cierto es, que aunque duela, es reconfortante evocar ese sentimiento extraño de describir.
Sin embargo, nada es en vano. Sigo en la oscuridad, como antes, pero ahora algo me empuja hacia adelante. Una certeza oculta que me dice que siga intentándolo, que no me rinda, que algún día encontraré mi luz. Aún quedan muchas caídas antes de poder volar.
Nunca estoy solo, pero hasta que ese día anhelado llegue, seguiré sintiéndome así: solo.

martes, 4 de agosto de 2015

Je suis Charlie

    Esta es la primera contranoticia que he tenido el privilegio de vivir en primera persona.
    Como todos sabremos, en enero de este año sucedió el atentado contra la revista Charlie Hebdo, en el cual el director Stéphane Charbonnier y numerosos trabajadores de la misma fueron asesinados en Francia a causa de unas caricaturas de Mahoma. En respuesta, el pueblo francés (y ciudadanos de todo el mundo) se manifestó a favor de las víctimas condenando estos hechos, llenando las calles y plazas de todo el país con el lema “Je suis Charlie” (yo soy Charlie).
    Medio año después, esta tragedia no ha sido olvidada, naturalmente, y se siguen realizando eventos en forma de protesta y rememoración a las víctimas.
    El día 27 de julio de este año, en la ciudad de Estrasburgo, Francia, tuvo lugar un concierto en la Place Kléber, el cual tuve el honor de presenciar. No actuaba un grupo en concreto, sino que varios artistas locales se unieron y juntos tocaron canciones, la mayoría de ellas conocidas, por ejemplo Imagine de John Lennon, Yaka Dansé de Raft (cuyo título significa aproximadamente “No hay más que bailar”, dando a entender que bailando todas las preocupaciones y los problemas desaparecen) o True Colors de Cyndi Lauper. También actuaban miembros del coro de la escuela de música de Estrasburgo. En total, en el escenario podría llegar a haber unas 30 personas. Un verdadero ejemplo de unión por la solidaridad.
    Al lado del escenario había un puesto con un dibujante que hacía caricaturas de los cantantes a lo largo del concierto, todas ellas con un toque humorístico, y se mostraban en una pantalla gigante.
Una de las caricaturas del dibujante, cuando sonaba la canción Imagine.
"Solidaire avec Charlie" (solidario con Charlie).

    Mientras sonaban unas canciones tan simbólicas, tocadas con tanto sentimiento por una causa solidaria, creo que no me equivoco al decir que a todo el público nos invadió una sensación de regocijo y armonía con todos los que nos rodeaban. Era algo que descrito en palabras se queda corto, un sentimiento de unión entre todos los que allí estábamos. En definitiva, un fuerte sentimiento de humanidad. Algo realmente maravilloso.

    Aquí dejo unos vídeos que grabé durante el concierto:


sábado, 1 de agosto de 2015

Milagros cotidianos





    El objetivo de las contranoticias es transmitir sensaciones positivas, que nos muestren el lado más humano del mundo. Hoy os voy a presentar una página web que precisamente cumple ese objetivo. Hace unos meses el autor de esta página, Bernardo Esteves, contactó conmigo, diciéndome que le gustaba el blog, y fue tan amable de dedicarme unas líneas en la misma. ¡Muchas gracias!
    Este hombre es todo un ejemplo a seguir, ya que nos cuenta sus experiencias, buenas o malas, y de todas ellas consigue extraer una enseñanza o moraleja que él llama "milagro cotidiano", enfocando siempre el lado positivo de la vida. Algo realmente admirable y motivador.
    Veamos uno de estos Milagros Cotidianos que a mí personalmente me gustó:

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    362- Te entiendo
Es cierto que todos tenemos puntos de vista diferentes, pero hay algunos que nos parecen inmediatamente absurdos, los escuchas y dices, ¿qué le pasa?, ¿cómo puede pensar de esa manera?, me sucedía seguido, hasta que un día mientras escuchaba a unas personas discutir en un supermercado entendí abruptamente el milagro cotidiano que se esconde en cada punto de vista.
Las dos personas discutían sobre algo, una quería darle a entender a la otra lo que quería llevar y la otra le decía que ya habían hablado de eso y ya se había puesto de acuerdo, ¿para qué seguir discutiendo?, las dos personas intentaban dar a entender su punto de vista pero ninguna de las dos quería “dar su brazo a torcer”. En eso me pregunto, ¿quién de los dos tendrán la razón?, ¿las dos personas?.
Me sentía como un observador invisible y en la realidad para ellos lo era, estaban tan absortos en medio de su discusión que mi presencia les era irrelevante y de cierta forma invisible. De igual forma entendía que al mismo tiempo que ellos estaban sin verme, tampoco podían “ver” o entender el punto de vista de la otra persona, estaban ciegos ante las razones del otro, querían dar a entender lo que ellos veían y creían como correcto sin percatarse que la otra persona estaba exactamente en la misma situación.
De pronto una de las dos personas dijo unas palabras maravillosas: “Te entiendo, sé como te sientes”, esas palabras rompieron el equilibrio de la discusión, la persona que se sintió comprendida cambió la rudeza de su expresión y le dijo a la otra, gracias, ¿tu qué deseas?, la otra persona también se sintió comprendida y a partir de ese momento se comenzaron a poner de acuerdo, una de ellas dijo, muy bien, llevamos esto pero también esto, luego se marcharon a otra parte del supermercado.
Considero que muchos de los problemas que tenemos en la actualidad podrían resolverse si trajéramos consigo un amuleto, carta bajo la manga o como quieras llamarle, pero que cada vez que comenzáramos una discusión nos recordara esas grandiosas palabras: “Te entiendo, sé como te sientes”. Las cuales significan estoy abierto a posibilidades, sin necesariamente estar de acuerdo en todo lo que la otra persona diga, es sólo decir, puedo ver lo mismo que tú y quiero entenderte para llegar a un acuerdo.
         Al hacer esto, creamos una conexión maravillosa con la otra persona, sin estar de acuerdo, con la sola empatía podemos lograr grandes cosas. Cada que hacemos eso, le decimos a la otra persona, te entiendo, lo que deseas suena lógico desde tu óptica, a otras personas les puede parecer interesante o positivo. En ese momento la persona deja de estar a la defensiva, de creer que tiene que convencer a alguien de su punto de vista y acepta que puede estar equivocada o escuchar otras opiniones. Fin de la discusión.Las discusiones se vuelven interminables porque las personas quieren ser entendidas, quieren que veamos su posición a como de lugar, al no obtener tal entendimiento es cuando nos frustramos, gritamos, imponemos, nos volvemos intransigentes y tomamos demás actitudes nefastas, cuando es tan sencillo detenerse y decir, me parece que lo que comentas me suena raro pero explícame más y tal vez lo pueda entender mejor, quiero entenderte.
         Cuando veas a alguien reaccionar de manera violenta, solo pregúntale, ¿eso te hace sentir mejor?, ¿el herirme curará tu frustración?, ¿es necesario que tomes esas actitudes para resolver la situación?. Cuando damos la oportunidad para que las personas reflexionen sobre sus actos es cuando suceden los cambios. Creo firmemente que la violencia y las malas actitudes se enfrentan, de lo contrario si se interrumpen o se dejan pasar, sólo se pospone su solución y se repetirán una y otra vez.
         Esto debido a que cuando atacamos lo hacemos para defendernos, innumerables casos me han tocado de personas que tienen malas actitudes, entre esas personas yo mismo, que te responden de manera grosera al preguntarles algo sencillo, ¿por qué?, sólo para defenderse, algunos se sienten tan inseguros que necesitan “demostrar” su fuerza con una voz agresiva y cortante, el exterior se tiene que ver rudo ya que el interior es tan blando como la gelatina que un simple cuchillo de plástico la puede cortar en pedazos.
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