miércoles, 9 de diciembre de 2015

El esfuerzo


    Hace poco, estuve leyendo un cuento del autor Jorge Bucay (el cual recomiendo fuertemente, ya que se aprende mucho con él) de su libro Déjame que te cuente... Dicha narración me llamó muchísimo la atención y además me dejó muy pensativo. De manera que he decidido escribir una reflexión sobre ello. Antes de continuar, es imprescindible conocer el planteamiento del que voy a hablar:
    
    “Antes que ninguna otra cosa es preciso desactivar una trampa que nos pusieron cuando éramos así de chiquititos. Esta trampa es una idea tan arraigada en nosotros, que forma parte de esta cultura explícita e implícitamente: «solo se valora lo que se consigue con esfuerzo». 
    Como dirían los americanos, esto es bullshit. Cualquiera puede darse cuenta de que esto no es cierto, y sin embargo, estructuramos nuestra vida como si fuera una verdad incuestionable. Hace algunos años “describí” un síndrome clínico, que aunque no está registrado en los tratados médicos ni psicológicos, ha sido padecido, o lo es todavía, por todos nosotros. Decidí llamarlo, ya vas a ver por qué: El síndrome del zapato dos números más pequeño. Te cuento...

    Un hombre entra en una zapatería, y un amable vendedor se le acerca:
— ¿En qué puedo servirle, señor?
— Quisiera un par de zapatos negros como los del escaparate.
— Cómo no, señor. A ver, a ver... el número que busca... debe ser... 41, ¿verdad?
— No, quiero un 39, por favor.
— Disculpe, señor, hace veinte años que trabajo en esto y el número suyo debe ser 41, quizás 40, pero... ¿39?
— Un 39, por favor.
— Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?
— Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos del treinta y nueve.
    El vendedor saca de un cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y con satisfacción, proclama:
— ¿Vio? Como yo decía: ¡41!
— Dígame, ¿quién va a pagar los zapatos: usted o yo?
— Usted.
— Bien, entonces ¿me trae un 39?
    El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos número 39. En el camino se da cuenta de lo que pasa: los zapatos no son para él, seguramente son para hacer un regalo.
— Señor, aquí los tiene: del treinta y nueve, y negros.
— ¿Me da un calzador?
— ¿Se los va a poner?
— Sí, claro.
— Son... ¿para usted?
— ¡Sí! ¿Me trae el calzador?
    El calzador era imprescindible para conseguir hacer entrar ese pie en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato. Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos, con dificultad, sobre la alfombra.
— Está bien. Me los llevo.
    El vendedor siente dolor en sus propios pies de solo imaginar los dedos aplastados dentro del 39.
—¿Se los envuelvo?
— No, gracias. Los llevo puestos.
    El cliente sale del negocio y camina, como puede, las tres calles que lo separan de su trabajo. El hombre trabaja de cajero en un banco. A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas parado dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas caen copiosamente. Su compañero, de la caja de al lado, lo ha estado mirando toda la tarde y está preocupado por él:
— ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
— No. Son los zapatos.
— ¿Qué pasa con los zapatos?
— Me aprietan.
— ¿Qué pasó? ¿Se mojaron?
— No, son dos números más pequeños que mi pie...
— ¿De quién son?
— Míos.
— No entiendo. ¿No te duelen los pies?
— Me matan los pies.
— ¿Y entonces?
— Te explico –dice, tragando saliva—. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones, en realidad, en los últimos tiempos tengo muy pocos momentos agradables.
— ¿Y?
—Yo me mato con estos zapatos. Sufro terriblemente, es verdad... Pero dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los quite... ¿Te imaginas el placer?... Qué placer, Dios... ¡Qué placer!

    Parece una locura, ¿verdad? Lo es, Demián, lo es. Esta es en gran medida nuestra pauta educativa. Yo creo que mi postura es también un extremo. Sin embargo, vale la pena probarla como si fuera un traje, a ver cómo nos queda. 
    Yo creo que no hay nada verdaderamente valioso que se pueda obtener con el esfuerzo.
    
    Me fui pensando en su última frase, grosera y contundente:
«El esfuerzo, para el estreñimiento.»
    
    Esta reflexión va a centrarse en torno a la frase “No hay nada verdaderamente valioso que se pueda obtener con el esfuerzo”. A simple vista puede no parecer gran cosa, pero personalmente creo que es una idea muy complicada.
    En primer lugar, creo que debemos reflexionar sobre qué significa lo “verdaderamente valioso”. En nuestra vida cotidiana, y dependiendo de cada uno, hay ciertas cosas que valoramos más que otras, sean materiales o no. Como sociedad, valoramos nuestros estudios, nuestros conocimientos, nuestro trabajo, nuestro salario, nuestras condiciones de vida, bienestar, etc.
    En mi opinión, creo que ninguna de esas cosas son tan importantes. Sin duda, lo son para tener un nivel de vida aceptable, dada la estructura de nuestro sistema económico. Pero si consideramos el hipotético caso de que hoy fuese nuestro último día de vida (esperemos que no) y miramos hacia atrás, ¿qué es lo más importante que nos ha pasado? ¿Qué es aquello que siempre hemos querido hacer y no hemos hecho? ¿En qué emplearíamos nuestras últimas horas de vida? Las respuestas a esas preguntas son las que marcarán qué es lo realmente importante y por tanto, valioso, para cada uno de nosotros.
    En mi caso, tengo la convicción de que las cosas que merecen la pena en la vida son aquellas que no se pueden comprar. Ni siquiera son materiales, sino experiencias, sensaciones y emociones que al fin y al cabo, son las que nos hacen disfrutar.
    Una puesta de sol, un paseo por la playa de noche con la luna llena reflejada en el agua, un paisaje, unas risas con tu mejor amigo/a, un instante de ternura con tu pareja... todas esas sensaciones y emociones espontáneas, que fluyen de forma tan natural por nuestro ser en esos momentos tan efímeros y a la vez eternos, en los que parece que se para el tiempo, lo que descrito en palabras se queda corto... esa es para mí la esencia de lo verdaderamente valioso.
    Podemos estar de acuerdo en que todo lo anterior no se consigue con esfuerzo, es cierto. Surge de manera instantánea e incontrolable. Además, cada experiencia es única, ya que cada persona también lo es y experimenta de una manera diferente al resto. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la idea que Bucay plantea en el cuento. Pienso que hay cosas muy preciadas que sí que requieren sudor. Por ejemplo, una amistad o una relación de pareja no se mantiene en el tiempo solamente sintiendo amor por la otra persona, sino con empeño día a día.
    En conclusión, opino que la idea planteada por el autor es muy poderosa, pero quizá utópicaSería ideal vivir en un mundo donde no fuese necesario esforzarse. No obstante, la buena noticia es que la mayoría de las cosas que merecen la pena en la vida no requieren esfuerzo, o al menos, no demasiado. Como diría Aristóteles, la virtud está en el término medio: ni todo lo realmente valioso se consigue con esfuerzo, ni todo lo que se consigue con esfuerzo es verdaderamente valioso.
    
    Y tú, ¿qué opinas? No dudes en dejar tu comentario.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Mucho tiempo sin escribir

    Los que leéis el blog con cierta frecuencia os habréis dado cuenta de que hace unos dos meses aproximadamente que no publico. Quiero pedir disculpas por ello. Lo cierto es que, además de haber estado muy ocupado, no me he sentido con inspiración para escribir, y desde luego no me encuentro en una de las mejores épocas de mi vida emocionalmente hablando.
    Lo siento por los que os gusta leer mi blog. Gracias por estar ahí :) .

sábado, 21 de noviembre de 2015

Lo que nos hace humanos

    

    Hoy traigo algo que creo que viene muy bien en estos días con todas las desgracias que han ocurrido. Un recordatorio más de que, por muy mal que pinte la situación, jamás hay que dejar de creer en el ser humano, en nosotros. He oído a muchos decir "El mundo se va a la mierda" (perdón por la expresión) por lo que se ve todos los días en los medios de comunicación. Pero esta sección existe entre otras cosas para demostrar que esas personas se equivocan, y que siempre habrá esperanza.
    El siguiente vídeo es una entrevista breve a una mujer judía, llamada Francine Christophe, que estuvo refugiada en el campo de concentración de Bergen-Belsen, el mismo donde estuvieron Ana Frank y su hermana Margot, durante la 2ª Guerra Mundial. En su día, en aquel lugar, su madre tuvo un gesto amable con una mujer embarazada que iba a dar a luz. Muchos años después ese gesto aún es recordado y le es agradecido por la hija en persona. 

    

miércoles, 26 de agosto de 2015

Sueño 18: El "accidente" y las escaleras sin retorno

Fecha del sueño: 26/08/2015.

Un amigo y yo caminábamos por la calle. Nos encontrábamos en un lugar muy parecido a un barrio que yo conocía, pero más tarde se vio que no era exactamente ese lugar, pues había cosas diferentes, como si se tratase de otra dimensión.
Pasamos por un parque donde había un grupo de personas, al parecer de fiesta. Algunos se nos acercaron preguntando dónde estaba cierto sitio. Tras responder, seguimos nuestro camino y entramos a un edificio. Era muy parecido a aquel en el que vivían mis difuntos abuelos, pero sin llegar a ser el mismo. Además, cuando comenzaba a subir las escaleras pasaba algo muy extraño: parecía que hubiese infinitas plantas, y conforme avanzaba, al mirar atrás siempre había una puerta en mitad de la escalera, de manera que no podía retroceder. Aquellas escaleras cambiaban a medida que las recorríamos (lo curioso es que no es la primera vez que sueño con ese edificio). Todas las puertas de las viviendas eran iguales: grandes, antiguas y de madera oscura. Al rato, nos detuvimos en una y llamamos. Yo pensaba que era al azar, pero en realidad fue como si hubiese sido guiado hacia allí. El piso era el cuarto y encima de la puerta había escrito un 1 en color dorado.  Nos abrió un hombre de unos 60 años, semicalvo con pelo en los lados de la cabeza, un bigote poblado y gafas. Pareció alegrarse de vernos, como si ya nos conociera. Y lo cierto es que me resultaba familiar.
-Se parece usted a mi abuelo- le dije. Él sonrió y dijo conocer a mi abuelo. Probablemente era uno de sus hermanos (no estoy seguro, pues no llegué a conocerlos). Dentro de la casa había dos personas más: una chica joven de cara redonda, la cual también me resultó familiar, si bien no sabía quién era; y una señora mayor, más o menos de la edad del otro hombre. Saludé y en ese momento llamaron a mi amigo por teléfono. Dijo que no había comido aún. Entonces los demás, muy amables, prepararon un plato para él.
Fuimos con el señor hacia el balcón. Una vez fuera, él hablaba, pero yo no escuchaba lo que decía puesto que miraba horrorizado la escena que tenía lugar en la calle. Un grupo de unas 10 o 20 personas golpeaban enfadados un coche que intentaba pasar por una de las calles. Detrás del mismo había un autobús. Tras un rato así, los conductores decidieron pasar sin importar que hubiese gente en medio. El coche no pilló a nadie, pero no pasó lo mismo con el otro vehículo. A algunas personas no les dio tiempo a quitarse y fueron arrolladas sin miramientos. El autobús no se detuvo. La escena posterior era gente arrastrándose por el suelo y gritando de dolor.
-¿Te acuerdas de eso?-preguntó el señor. En ese momento, aquella escena fue como si la estuviese viendo en las noticias. Parecía que él me estaba mostrando esas imágenes con alguna finalidad.
-No- respondí.
-Hace un año.
¿Qué significaba aquello? No supe si se refería a la catástrofe que acababa de ver o a otra cosa. En ese momento me despierto. 

lunes, 24 de agosto de 2015

Fragmentos del alma


En determinados momentos de nuestra vida, cuando no nos encontramos bien emocionalmente, necesitamos una vía de escape, una manera de expresarnos para sentirnos mejor con nosotros mismos. En mi caso, simplemente comenzar a escribir lo que sale de mí en esos momentos es una de las formas que cumplen este fin. 
Todos tenemos pensamientos oscuros que ocultamos o enterramos en la profundidad de nuestro ser, pero que en momentos de bajos emocionales acaban saliendo a la superficie. Esta reflexión se basa en la necesidad de plasmar esos sentimientos ocultos, los que nadie o casi nadie conoce. Tan solo necesitaba una manera de expresarme. Os presento un fragmento de la parte más oscura de mi alma

Parte I: ¿Qué debo esperar?
Soy idiota. Al menos así me veo yo cuando me miro al espejo. Me paso la vida esperando y esperando cosas que parece que nunca van a llegar. Todo el mundo me dice "llegará", pero cada vez me suena más vacío. No veo que nada de lo que espero llegue. Estoy perdido en mitad de un océano con la constante sensación de que me voy a ahogar en cualquier momento. De vez en cuando algo bueno pasa, algo que me hace recuperar la ilusión en mí mismo, la esperanza de compartir mi vida con alguien más, de hacer algo más. Sin embargo, se desvanece de repente, tan fugaz e inesperadamente como vino a mi vida, antes incluso de que tome forma definida.
Mi vida se basa en buscar destellos de luz que de vez en cuando se divisan en medio de la más profunda oscuridad. Busco la luz, pero no encuentro el camino. Siento que me hundo, luego consigo salir un poco a flote y respirar una o dos bocanadas de aire fresco, antes de volver a hundirme de nuevo.
¿Es esto lo que debo esperar? Desorientado siempre, buscando algo que no depende de mí para encontrarlo, solo llega y/o se va en cualquier momento.
Algunos piensan que es una estupidez pensar en ello. Algo de razón tienen. No me lleva a ningún lado hacerlo. Pero no puedo evitarlo. Por eso soy un idiota. Me hago ilusiones con lo que puede llegar a ser, pero nunca es. Entonces la caída es inminente...
¿Perderé la esperanza algún día? No lo sé. Todo es incierto para mí. De momento ahí sigo, aferrándome a lo poco que puedo, retazos de felicidad. Preguntándome si algún día llegará la verdadera luz, la que me saque de este pozo sin fondo, de este océano y me lleve a tierra firme, donde pueda respirar.

Parte II: Un rayo de luz
He visto uno. Un destello de luz. Lo he seguido hasta quedar bañado en él. Durante una noche estuve en un lugar cálido, donde no existían las preocupaciones. Ojalá durase para siempre esa sensación de calma y paz encontrada en medio de una tormenta.
Pero ahora ha vuelto a desaparecer, vuelvo a estar sumido en la oscuridad. Solo puedo esperar a ver la misma luz, no obstante, sin saber si lo haré ni cuándo.
Toda nuestra existencia está condicionada por el tiempo, un tiempo que muchas veces es absorbido por cosas consideradas más importantes o menos, cuando en realidad lo que verdaderamente importa escapa a nosotros y en la mayoría de los casos ni siquiera está remotamente relacionado con aquello que se suele considerar de importancia.
Esclavos del tiempo y del dinero, eso es lo que somos. Pero no quiero serlo más. Tampoco he encontrado la manera de romper las cadenas, pero lo haré. Donde hay una voluntad, hay un camino.
¿Será este nuevo rayo de luz el que me salve? ¿El que me guíe fuera de la oscuridad? Solo el tiempo lo dirá. Pero creo que he aguantado demasiado. No quiero esperar más. Quiero saltar, pero tengo miedo de caerme...

Parte III: Y de nuevo... oscuridad
 La historia se repite. Aquel fugaz rayo de luz pronto se desvaneció, dejando tras de sí una sensación de vacío que siempre había estado ahí, pero al llenar el hueco y volver a vaciarlo parece que es mayor. Una cosa tengo clara: jamás olvidaré ese sentimiento de estar pleno por fin, de no desear nada más. Aquella calma, paz y calor acogedor que ya no recordaba. Lo cierto es, que aunque duela, es reconfortante evocar ese sentimiento extraño de describir.
Sin embargo, nada es en vano. Sigo en la oscuridad, como antes, pero ahora algo me empuja hacia adelante. Una certeza oculta que me dice que siga intentándolo, que no me rinda, que algún día encontraré mi luz. Aún quedan muchas caídas antes de poder volar.
Nunca estoy solo, pero hasta que ese día anhelado llegue, seguiré sintiéndome así: solo.

martes, 4 de agosto de 2015

Je suis Charlie

    Esta es la primera contranoticia que he tenido el privilegio de vivir en primera persona.
    Como todos sabremos, en enero de este año sucedió el atentado contra la revista Charlie Hebdo, en el cual el director Stéphane Charbonnier y numerosos trabajadores de la misma fueron asesinados en Francia a causa de unas caricaturas de Mahoma. En respuesta, el pueblo francés (y ciudadanos de todo el mundo) se manifestó a favor de las víctimas condenando estos hechos, llenando las calles y plazas de todo el país con el lema “Je suis Charlie” (yo soy Charlie).
    Medio año después, esta tragedia no ha sido olvidada, naturalmente, y se siguen realizando eventos en forma de protesta y rememoración a las víctimas.
    El día 27 de julio de este año, en la ciudad de Estrasburgo, Francia, tuvo lugar un concierto en la Place Kléber, el cual tuve el honor de presenciar. No actuaba un grupo en concreto, sino que varios artistas locales se unieron y juntos tocaron canciones, la mayoría de ellas conocidas, por ejemplo Imagine de John Lennon, Yaka Dansé de Raft (cuyo título significa aproximadamente “No hay más que bailar”, dando a entender que bailando todas las preocupaciones y los problemas desaparecen) o True Colors de Cyndi Lauper. También actuaban miembros del coro de la escuela de música de Estrasburgo. En total, en el escenario podría llegar a haber unas 30 personas. Un verdadero ejemplo de unión por la solidaridad.
    Al lado del escenario había un puesto con un dibujante que hacía caricaturas de los cantantes a lo largo del concierto, todas ellas con un toque humorístico, y se mostraban en una pantalla gigante.
Una de las caricaturas del dibujante, cuando sonaba la canción Imagine.
"Solidaire avec Charlie" (solidario con Charlie).

    Mientras sonaban unas canciones tan simbólicas, tocadas con tanto sentimiento por una causa solidaria, creo que no me equivoco al decir que a todo el público nos invadió una sensación de regocijo y armonía con todos los que nos rodeaban. Era algo que descrito en palabras se queda corto, un sentimiento de unión entre todos los que allí estábamos. En definitiva, un fuerte sentimiento de humanidad. Algo realmente maravilloso.

    Aquí dejo unos vídeos que grabé durante el concierto:


sábado, 1 de agosto de 2015

Milagros cotidianos





    El objetivo de las contranoticias es transmitir sensaciones positivas, que nos muestren el lado más humano del mundo. Hoy os voy a presentar una página web que precisamente cumple ese objetivo. Hace unos meses el autor de esta página, Bernardo Esteves, contactó conmigo, diciéndome que le gustaba el blog, y fue tan amable de dedicarme unas líneas en la misma. ¡Muchas gracias!
    Este hombre es todo un ejemplo a seguir, ya que nos cuenta sus experiencias, buenas o malas, y de todas ellas consigue extraer una enseñanza o moraleja que él llama "milagro cotidiano", enfocando siempre el lado positivo de la vida. Algo realmente admirable y motivador.
    Veamos uno de estos Milagros Cotidianos que a mí personalmente me gustó:

                            ------------------------------
    362- Te entiendo
Es cierto que todos tenemos puntos de vista diferentes, pero hay algunos que nos parecen inmediatamente absurdos, los escuchas y dices, ¿qué le pasa?, ¿cómo puede pensar de esa manera?, me sucedía seguido, hasta que un día mientras escuchaba a unas personas discutir en un supermercado entendí abruptamente el milagro cotidiano que se esconde en cada punto de vista.
Las dos personas discutían sobre algo, una quería darle a entender a la otra lo que quería llevar y la otra le decía que ya habían hablado de eso y ya se había puesto de acuerdo, ¿para qué seguir discutiendo?, las dos personas intentaban dar a entender su punto de vista pero ninguna de las dos quería “dar su brazo a torcer”. En eso me pregunto, ¿quién de los dos tendrán la razón?, ¿las dos personas?.
Me sentía como un observador invisible y en la realidad para ellos lo era, estaban tan absortos en medio de su discusión que mi presencia les era irrelevante y de cierta forma invisible. De igual forma entendía que al mismo tiempo que ellos estaban sin verme, tampoco podían “ver” o entender el punto de vista de la otra persona, estaban ciegos ante las razones del otro, querían dar a entender lo que ellos veían y creían como correcto sin percatarse que la otra persona estaba exactamente en la misma situación.
De pronto una de las dos personas dijo unas palabras maravillosas: “Te entiendo, sé como te sientes”, esas palabras rompieron el equilibrio de la discusión, la persona que se sintió comprendida cambió la rudeza de su expresión y le dijo a la otra, gracias, ¿tu qué deseas?, la otra persona también se sintió comprendida y a partir de ese momento se comenzaron a poner de acuerdo, una de ellas dijo, muy bien, llevamos esto pero también esto, luego se marcharon a otra parte del supermercado.
Considero que muchos de los problemas que tenemos en la actualidad podrían resolverse si trajéramos consigo un amuleto, carta bajo la manga o como quieras llamarle, pero que cada vez que comenzáramos una discusión nos recordara esas grandiosas palabras: “Te entiendo, sé como te sientes”. Las cuales significan estoy abierto a posibilidades, sin necesariamente estar de acuerdo en todo lo que la otra persona diga, es sólo decir, puedo ver lo mismo que tú y quiero entenderte para llegar a un acuerdo.
         Al hacer esto, creamos una conexión maravillosa con la otra persona, sin estar de acuerdo, con la sola empatía podemos lograr grandes cosas. Cada que hacemos eso, le decimos a la otra persona, te entiendo, lo que deseas suena lógico desde tu óptica, a otras personas les puede parecer interesante o positivo. En ese momento la persona deja de estar a la defensiva, de creer que tiene que convencer a alguien de su punto de vista y acepta que puede estar equivocada o escuchar otras opiniones. Fin de la discusión.Las discusiones se vuelven interminables porque las personas quieren ser entendidas, quieren que veamos su posición a como de lugar, al no obtener tal entendimiento es cuando nos frustramos, gritamos, imponemos, nos volvemos intransigentes y tomamos demás actitudes nefastas, cuando es tan sencillo detenerse y decir, me parece que lo que comentas me suena raro pero explícame más y tal vez lo pueda entender mejor, quiero entenderte.
         Cuando veas a alguien reaccionar de manera violenta, solo pregúntale, ¿eso te hace sentir mejor?, ¿el herirme curará tu frustración?, ¿es necesario que tomes esas actitudes para resolver la situación?. Cuando damos la oportunidad para que las personas reflexionen sobre sus actos es cuando suceden los cambios. Creo firmemente que la violencia y las malas actitudes se enfrentan, de lo contrario si se interrumpen o se dejan pasar, sólo se pospone su solución y se repetirán una y otra vez.
         Esto debido a que cuando atacamos lo hacemos para defendernos, innumerables casos me han tocado de personas que tienen malas actitudes, entre esas personas yo mismo, que te responden de manera grosera al preguntarles algo sencillo, ¿por qué?, sólo para defenderse, algunos se sienten tan inseguros que necesitan “demostrar” su fuerza con una voz agresiva y cortante, el exterior se tiene que ver rudo ya que el interior es tan blando como la gelatina que un simple cuchillo de plástico la puede cortar en pedazos.
                                            -----------------------------------

Enlace a la página: Milagros Cotidianos

lunes, 27 de julio de 2015

Sueño 17: La Tercera Guerra Mundial

Fecha del sueño: 25/07/2015
Aviso: este sueño es un poco duro y me tiene algo preocupado.


Me encontraba en una ciudad costera una noche nublada. Las luces anaranjadas de las farolas se reflejaban en las nubes, dándole al cielo el mismo color.
Mi madre y yo estábamos a las afueras de la ciudad. No sabíamos nada acerca de lo que iba a pasar después, pero todo el mundo estaba en alerta, expectante.
Mientras mirábamos hacia arriba, empezó la catástrofe. De entre las nubes surgió un avión. Volaba bastante bajo y conforme se fue acercando a la ciudad, se pudo apreciar claramente que era un avión de combate. “Que pase de largo”, deseé yo.
Sin embargo, no hubo esa suerte. En el caza estaba escrito el símbolo de la Yihad. Un objeto se desprendió del mismo, y ya sabíamos lo que era antes de que sucediese la explosión en el suelo de la población.
Sin perder más tiempo, mi madre y yo comenzamos a correr hacia la costa con la esperanza de huir en algún barco.
Más aviones surgían de la nada y continuaban bombardeando la ciudad.
El mar estaba en calma. Para llegar a la costa había que escalar y luego bajar una montaña escarpada que casi era un acantilado. Una vez abajo, un barco nos esperaba. Más gente como nosotros huía hacia él, y la tripulación intentó acoger a bordo a tantas personas como pudieron antes de zarpar.
No obstante, tuvieron que salir precipitados, ya que nos habían seguido un grupo de asaltantes, los cuales nos atacaron. Todos ellos llevaban la cara cubierta. Algunos de ellos consiguieron subir al barco y todos los que allí estábamos comenzamos a luchar a puño limpio para echarlos.
Finalmente lo conseguimos y pudimos huir, pero por desgracia algunos de nosotros murieron en la lucha, por no mencionar los que no fueron capaces de escapar de la ciudad.

Ahí acaba el sueño.

sábado, 21 de marzo de 2015

Sueño 16: La prisión

Fecha del sueño: 21/03/2015.

Era como una especie de camping muy grande. Había piscina, patio y dos pistas deportivas, al menos una de ellas de fútbol, entre otras cosas. La más pequeña, con el suelo de color rojo, al descubierto frente al sol y pegada a la valla del lugar, apenas se utilizaba, quizá por ser demasiado pequeña.
Esta supuesta prisión se encontraba casi en medio de la nada. En los alrededores de la misma había un campo inmenso de maíz, parecido a los de las películas americanas. También había a una cierta distancia un lavadero de coches, pero tenía poca clientela. Aparte de aquello, no había prácticamente nada más, solo asfalto.
¿Mi delito? No tengo ni idea. Solo sé que estaba allí, junto con mucha más gente. La convivencia era pacífica, y al principio me encontraba yo solo, sin amigos. A primera vista resultaba difícil de creer que estuviese en una prisión, ya que disponíamos de bastantes comodidades (¿quién ha visto una piscina en una cárcel?). Además, las vallas eran muy altas en algunas zonas, pero en otras se podían saltar sin esfuerzo. En muchas zonas apenas había vigilancia y uno se podía escapar fácilmente, pero en cuanto se daban cuenta de que lo habías hecho salían a buscarte con perros y todo. Siempre te encontraban, y al traerte de vuelta te imponían un castigo.
A decir verdad, no nos faltaba de nada allí, salvo libertad.
Un solitario día, paseaba yo junto a una de las vallas. No había nadie más por allí en aquel momento. De repente, en el exterior, salió del maizal un chico más o menos de mi edad. Me dijo que me estaba buscando. Rápidamente me contó que sabía cómo escapar de allí de tal forma que jamás me encontrasen. Me indicó que había una cabaña en medio del maizal, dándome instrucciones para llegar hasta allí. Después se marchó.
Aunque no había razones para confiar en aquel desconocido, si lo que decía era verdad sería mi única oportunidad de huir de allí para siempre. De manera que más tarde, asegurándome de que nadie me viese, salté sin dificultad la valla y comencé a caminar. Encontré la cabaña, pero no recuerdo qué pasó durante un intervalo de tiempo. Solo sé que al cabo de un rato me dirigía a un lugar en concreto, más allá del lavadero de coches. Al pasar por el mismo, los que trabajaban allí me vieron, y por lo visto supieron de dónde venía, pues se mostraron hostiles. Una mujer estaba lavando un coche con una manguera con bastante presión, y sin previo aviso dirigió el chorro hacia mí, acertando de lleno. “¿Tú eres gilipollas?”, le dije, enfadado. Me respondió con otro insulto y acto seguido ella y unos tres hombres comenzaron a seguirme. Como sabía que no buscaban ser mis amigos, me fui de allí a paso rápido.
El sitio al que iba resultó estar mucho más lejos de lo que yo pensaba. Mis perseguidores seguían detrás de mí, pero no se apresuraron y mantuvieron las distancias todo el camino. Llegué a otro lugar, también en medio de la nada, donde había una pista de piedra, como las de la prisión. Había gente jugando al fútbol y otros simplemente pasando el rato. No recuerdo si hablé con alguien (después de todo estaba allí por una razón, pero por desgracia es una laguna), pero estuve allí un tiempo.
Cuando volví, anochecía y los cuatro idiotas de antes todavía estaban detrás de mí. Llegué a la prisión y me colé dentro de nuevo. Intentando acorralarme, uno de ellos también se metió, dispuesto a pelear. Yo ya estaba dentro, así que ya no estaba preocupado, de manera que me dirigí confiadamente hacia mi adversario, caminando hacia él. El otro, viendo mi seguridad y probablemente percatándose de dónde estaba, vaciló y finalmente acabó por largarse. Desde el otro lado de las vallas me dijeron algo relacionado con que mis superiores supieran de mi escape. Yo les respondí desafiante y se fueron.
Al día siguiente, parecía que nadie se había dado cuenta de mi aventura, lo cual fue un alivio. Sin embargo, ocurrió algo sorprendente: comenzaron a aparecer mis amigos de bboying, a los que hacía mucho tiempo que no veía, y entrenamos en la pista roja con música. Pasé de estar completamente solo a estar rodeado de amigos. No sabía si estaba permitido lo que estábamos haciendo, pero me daba igual.

Lo último que recuerdo es la dueña de la prisión (sí, era una mujer muy estricta) viniendo hacia nosotros. No parecía muy contenta, pero nunca lo estaba así que no era nada nuevo.

martes, 17 de febrero de 2015

El hada de los dientes

    
   
    Hacía tiempo que no publicaba una contranoticia, ¿verdad? No sé si habrá sido porque no he encontrado nada que merezca la pena, porque he estado muy liado o simplemente porque no he sabido buscar bien. Pero finalmente, el otro día di con un vídeo que me sacó una sonrisa y me llevó a mi lado más infantil.
    Trata de unos niños que se encuentran en la consulta del dentista (todos sabemos que a muchos niños no les gustan los dentistas). El autor del vídeo decide llamar al hada de los dientes para que les haga una limpieza mágica que les dejará los dientes muy blancos antes de que el dentista entre para hacer su revisión. Las reacciones de los niños no tienen precio.
    

jueves, 5 de febrero de 2015

Sueño 15: De fiesta con el sargento

Fecha del sueño: Noche del 03/02/2015.

Vivíamos en una pequeña casa con fachada de madera, pintada de blanco, un poco alejada de cualquier lugar. No recuerdo que hubiese ninguna otra casa en los alrededores. Nos encontrábamos en una zona seca, casi desértica, en la que hacía bastante calor. Era un día soleado. Allí estábamos mi padre, mi hermano y yo.
Un día, decidimos ir a un recinto abierto al pie de una colina en el cual había una fiesta con mucha gente. No recuerdo por qué parte entramos, pero al parecer, por lo que ocurrió después, solo había un camino para entrar y salir, o quizá simplemente era el único por el que podíamos volver a casa. El recinto estaba delimitado por unos muros altos, grises y rectangulares, por la cara de la colina.
Cerca del recinto había un edificio rectangular de unas dos plantas cuya parte larga medía algo menos de una manzana. Detrás del edificio había un muro, de manera que solo se podía caminar pasando enfrente del mismo y no por detrás. Dicha construcción tenía muchas entradas. Creo que se podía entrar por cualquier puerta y que ninguna estaba cerrada con llave.
Cuando nos dispusimos a volver, comenzamos a caminar delante del edificio. De repente, sonó un disparo. Miramos de dónde venía y vimos a un hombre de unos 50 años en una especie de caseta incorporada a la construcción. Tenía un rifle y estaba apuntando hacia nosotros. Comenzamos a correr por nuestras vidas y conforme pasábamos junto a las demás puertas sonaban más disparos, esta vez de pistolas, que provenían de militares. Antes de cruzar el edificio completamente, una bala me alcanzó en el hombro, a la altura del omóplato. Seguimos corriendo y cuando terminamos de cruzar, los disparos cesaron.
Ya en mi casa, me curaron las heridas. Poco después me enteré de que al hombre del rifle lo llamaban “El Sargento” (y al parecer lo era), y por lo visto cada vez que pasabas por allí te disparaban, pero ¿solo cuando intentabas irte de allí? ¿Qué hacía un edificio militar al lado de un recinto de fiesta?
Recuerdo estar hablando con mi hermano un día sobre cómo salir de allí sin ser disparado. Con un mapa delante, le explicaba que si conseguíamos alejarnos un poco por las colinas, podríamos irnos dando un rodeo y así estar fuera de su alcance. Aunque parece ser, como pude comprobar más adelante, que no era posible hacer tal cosa, pues estaba el muro y no se podía subir la colina.
Sin embargo, tuve que volver a aquel lugar. Esta vez estaba yo solo y había quedado allí con mi novia. Era una chica muy guapa, de piel bronceada probablemente de tomar el sol, pelo largo y oscuro, ojos marrones, delgada y con buen cuerpo. Por lo que recuerdo se ve que no solíamos quedar mucho.
Estuvimos un rato en la fiesta y luego decidimos salir de allí, posiblemente para ir a mi casa. Como no había otro camino teníamos que pasar por el mismo sitio de la última vez, pero no quería arriesgarme a que ella recibiese un disparo (yo ya había había pasado varias veces y si corría suficientemente rápido me las arreglaba para salir ileso). Se me ocurrió la idea de cruzar por dentro del edificio sin ser vistos, así que entramos en él. El interior recordaba a las aulas de un colegio, pero no había mesas ni sillas. El suelo era de terrazo negro y las paredes tenían un color verde claro.
Nos encontrábamos cerca de la caseta del sargento. Mientras hablábamos sobre a qué habitación íbamos a entrar, apareció el sargento y nos descubrió. Nos preguntó de malas maneras que qué hacíamos allí y le respondimos que nada, que solo estábamos hablando de cosas personales y estábamos allí porque no queríamos que nos molestaran. El sargento nos echó. Teníamos que idear otra forma de pasar.

Por desgracia, eso es lo último que recuerdo.

viernes, 30 de enero de 2015

Sueño 14: Un colegio, un autobús y una universidad

Fecha del sueño: 30/01/2015
Este sueño se divide en dos partes, o quizá son dos sueños diferentes.

Primera parte.
Me encontraba en un colegio con niños. Parecía que era su último día e iban a dar las vacaciones o algo por el estilo. Para la ocasión, había como una especie de actuación. No sé exactamente si yo era parte de la misma, pero es lo único que tendría sentido. Además, creo que estaba yo solo merodeando por el lugar, pero tenía un grupo de gente de mi edad por los alrededores esperando para la actuación. Cabe destacar que en todo el tiempo que estuve en el colegio no vi a un solo niño, pero sí que oía sus voces. El típico griterío de un patio de recreo. Parecía como si estuviesen a mi alrededor todo el tiempo, en todas partes, pero no veía a nadie.
La actuación iba a ser en una especie de carpa muy extraña, parecida a la de un circo, pero la tela estaba hecha de trapos cosidos entre sí, de distintos colores, o al menos esa es la impresión que daba. Los niños ahora se suponía que estaban dentro de la carpa esperando. Yo me disponía a entrar, pero no recuerdo que llegase a hacerlo.
Después, no sé si había acabado la actuación, mi grupo se acercó a recogerme en una furgoneta. Creo que uno de los profesores nos dijo que teníamos que hacer algo, y luego partimos. El chico que conducía la furgoneta era un temerario. Al principio iba con moderación, pero poco a poco empezó a saltarse las normas de circulación y las señales, como si estuviese huyendo de alguien, pero nadie nos perseguía.
En un momento dado, nos salimos de la carretera principal por un camino de tierra, para volver a otro tramo de carretera. Al llegar a la salida, el paso estaba cortado y había un cartel de “Prohibido el paso” en medio. El conductor estaba pensando si continuar y saltarse la señal o si dar la vuelta. Los demás le insistimos mucho y finalmente dimos la vuelta. No sé cuántos éramos en ese momento, pero como mínimo dos chicos y dos chicas. Las chicas no eran ni guapas ni feas, simplemente normales. Ambas eran muy parecidas, y tenían pelo moreno, semilargo y liso y ojos marrones, al igual que el otro chico (el conductor), pero este tenía el pelo corto.
De repente, yendo por la carretera principal, la furgoneta ya no era una furgoneta, sino un autobús que medía de largo lo que 6 o 7 autobuses normales puestos en fila. En ese momento el conductor perdía el control y golpeábamos varios coches que estaban en otros carriles.
Justo después, me encontraba yo en la calle, en el lugar del accidente, pero no veía el autobús. Estaba yo solo. Comencé a caminar buscando a los demás.
Encontré a una de las chicas. Estaba asustada, así que la abracé para tranquilizarla y seguimos buscando. De pronto, vimos pasar por delante de nuestras narices el autobús. El chico y la chica de antes estaban dentro. Iban rapidísimos. Comenzamos a gritar diciendo que parasen, pero no nos hicieron caso y nos dejaron allí. No recuerdo nada más.
Segunda parte.
Me encontraba en la universidad. Era un lugar un tanto extraño. Parecía un castillo o una mansión muy grande. A decir verdad se parecía mucho al escenario del videojuego “Amnesia”. Las aulas eran grandes salones con mesas rectangulares muy largas. Los alumnos se sentaban a lo largo de las mismas en unas sillas tapizadas de color rojo.
Cada clase duraba 2 horas, pero se pasaba en 5 minutos. El profesor era estricto en cuanto a normas. Nadie se podía levantar, nadie podía hablar, etc. Sin embargo, muchas veces la gente se levantaba sin motivo aparente para hablar con alguien que estaba en la otra punta del aula y el profesor no lo veía (difícil de creer pero cierto). Las clases consistían en que el profesor hablaba durante todo el rato paseándose por el aula, y a veces incluso se sentaba en alguna mesa. De vez en cuando preguntaba a algún alumno. Los temas de las clases eran muchas veces tonterías superfluas sobre la vida cotidiana, y los alumnos alguna vez hacían o decían alguna gilipollez de cualquier tipo.
Una vez, había un concurso sobre quién hacía girar más rápido una especie de molinillo (era un objeto con un mango, el cual se podía hacer girar moviendo la muñeca y se utilizaba con una mano). Había primer y segundo premio, y el ganador era reconocido por toda la universidad como alguien con prestigio e importancia.

No recuerdo nada más...

jueves, 22 de enero de 2015

Sueño 13: Caza de brujas

Este sueño me recuerda bastante a la historia de las brujas de la serie American Horror Story. Esta vez ni siquiera aparezco en el sueño, soy un simple espectador, como si estuviese viendo una película. Voy tomando la perspectiva de diferentes personajes.
Fecha del sueño: 22/01/2015.

Recuerdo el escenario de una aldea. Parecía que estábamos en la Edad Media, pero no sé en qué época nos encontrábamos realmente. Todo parecía normal. Los habitantes trabajaban duro día a día. Había campesinos, comerciantes, investigadores (matemáticos y científicos), etc.
De vez en cuando, nace una persona diferente del resto: tiene un poder especial. Los demás los tachan de brujos/as, pero lo cierto es que cada una de estas personas especiales solo tienen uno o dos poderes, y a veces son peligrosos. Ese fue el caso de una niña que al llegar a la adolescencia desarrolló la habilidad de infligir daño a los demás. Cada vez que tocaba a alguien, este empezaba a convulsionar del dolor hasta que finalmente lo mataba. Con el tiempo aprendió a controlarlo, y aprendió a utilizarlo también a una corta distancia, sin necesidad de contacto físico. Su padre lo descubrió y decidió mantenerlo en secreto por amor a su hija. Si los demás habitantes la descubrían, la matarían casi seguro. Pero su padre le advirtió que debía mantener sus poderes ocultos o no habría nada que pudiese hacer por ella.
Esta chica consiguió mantener una vida normal durante algunos años. Era de estatura normal, pelo castaño, largo y lacio y tez muy blanca.
Sin embargo, un día, no recuerdo si bien fue porque alguien la descubrió o porque alguien intentó hacerle daño, pero el caso es que la chica montó en cólera y mató a una persona (ahí descubrió que si se enfadaba sus poderes se desataban y no podía controlarlos). Su padre llegó al lugar y le dijo rápidamente: “vete o te descubrirán”. Aunque no la descubrieron, los habitantes empezaron a sospechar al saber de la muerte de esta persona, ya que no era algo normal y no eran muchos habitantes.
La chica, queriendo encontrar su lugar en el mundo, abandonó la aldea antes de que pasase algo más, sin despedirse de nadie, una noche en secreto.
Viajando, no sé durante cuánto tiempo, encontró a un grupo de personas que también viajaban. Eran todos como ella y jóvenes. Cada uno tenía un poder distinto, pero pocos revelaban el suyo. Creían que si permanecían juntos podrían sobrevivir, siempre y cuando se cuidasen las espaldas unos a otros.
Encontraron una especie de casa abandonada en un pueblo, pero un poco alejada del mismo, a las afueras. Decidieron instalarse allí. Fue en ese lugar donde la chica comenzó a tener sus primeras experiencias sexuales (después de todo, estaba aún conociendo su cuerpo). Los demás, cuando hablaban de temas relacionados con el sexo, lo hacían con naturalidad, sin nada que les avergonzase.
Una noche, mientras los demás dormían, la chica se apartó del resto comenzó a “jugar consigo misma”. De repente se escuchó un grito procedente del piso de arriba: “¡La has matado!” Rápidamente, la chica corrió a despertar al líder del grupo, que era un chico joven con el pelo castaño claro, largo y rizado. Llevaba gafas y a primera vista no parecía imponer demasiado, pero tenía carisma y capacidad para el liderazgo.
- ¡Despierta, despierta!- dijo la chica.
- ¿Qué ocurre?
- Han matado a alguien en el piso de arriba.
Algunos también se despertaron en ese momento y fueron a ver qué ocurría.
Al llegar a la habitación, había un cuerpo sin vida; a su lado, de pie, una chica de rasgos africanos, con pelo corto y negro y con rastas.
- Lo siento, no puedo controlarlo- dijo llorando.
- Eres un monstruo- dijo la otra chica.
La chica en cuestión tenía un poder que no podía controlar, se desataba en cualquier momento, incluso si estaba durmiendo. De ella emergía una especie de espíritu maligno, que tenía el aspecto de una cara siniestra de color verde, transparente y etérea. Este ente, cada vez que abandonaba el cuerpo de la chica, buscaba víctimas, a las cuales asesinaba en un segundo. Solo con tocarlas les quitaba la vida. Podía atravesar paredes, techos y lo que fuese sin ningún problema.
Mientras la situación en la casa estaba ocurriendo, mi mente seguía a este espíritu. Vi cómo asesinaba a gente una y otra vez, en el pueblo. Una de sus víctimas era un matemático que acababa de descubrir algo importante en sus cálculos.
Ese es el final. En ese momento me despierto.

sábado, 10 de enero de 2015

Sueño 12: Asesinato

Es la primera vez que tengo un sueño de este tipo (¡y el primero que recuerdo del año!). Las teorías sobre el significado de estos sueños son bastante interesantes (independientemente de si las crea o no). Algunas dicen que si sueñas con un asesinato es porque tienes sentimientos de agresión reprimidos hacia una persona. Otras dicen que es porque va a haber un cambio en tu vida y/o en tu mentalidad. La más dramática que he visto es que es una premonición de que un ser querido va a morir.
Fecha del sueño: 10/01/2015.


La mayor parte del sueño no la recuerdo, pero hay una escena en particular que recuerdo con mucha nitidez. Estábamos un amigo y yo por la calle, pasando el rato. No recuerdo qué amigo era. Charlábamos mientras caminábamos. Era de noche y por el lugar donde íbamos en ese momento no había nadie, parecía como si todo el mundo hubiese desaparecido. Era extraño ya que veníamos de otro lugar lleno de gente, quizás era alguna fiesta popular o algo similar.
Pasamos por debajo de un edificio cuya parte baja tenía una entrada sostenida con columnas. De repente, el escenario cambió por completo y estábamos en Mazarrón, en mi antigua casa de la playa. Tampoco había nadie por los alrededores. La calle era algo distinta a la realidad y todo estaba más deteriorado. Solo había un vecino, como pude comprobar más adelante, pero no vio ni oyó lo que pasó a continuación.
Mi amigo y yo nos separamos y al rato oí un disparo. Me dirigí corriendo a la parte trasera de la casa y vi a un hombre mayor, de unos 60 años y calvo, con una escopeta en la mano. Mi amigo estaba muerto en el suelo, bañado en un charco de sangre. En aquel momento me cabreé y sin titubear me lancé hacia el hombre, le golpeé y le arrebaté el arma. Sin más reparos, apunté hacia él. Empezó a decir algo, como queriendo dar explicaciones, pero no esperé a que hablase. Disparé y le di a la altura del estómago. Se inclinó un poco hacia delante. Apunté de nuevo y esta vez le disparé en la cabeza. Su cuerpo sin vida se desplomó hacia atrás y la sangre empezó a cubrir el suelo a su alrededor.
No sentí ningún remordimiento por asesinar a ese hombre. Después de todo, él había matado a mi amigo, a quien yo apreciaba. Quizá pensé que se lo tenía merecido. Sin embargo, comencé a estar muy nervioso, ya que ahora tenía un problema. Tenía que deshacerme de los dos cuerpos. Si alguien se enteraba de que mi amigo estaba muerto pensarían que yo lo maté, dado que nunca podrían encontrar al otro asesino. De manera que tenía que librarme de ambos cadáveres. No conseguía dar con la clave para hacerlo sin que nadie se enterase, así que mientras pensaba, empecé a limpiar la sangre del suelo. Era difícil, ya que ya estaba medio seca.

Tenía miedo de que me pillase la policía. Era lo único que me preocupaba en ese momento. Era una agonía. Poco a poco, comenzaba a estar más lúcido en el sueño, hasta que empecé a pensar “¿Qué hago aquí? No es posible. Esto no está pasando. Yo no soy así. No soy un asesino. Tengo que salir de aquí. Esto es un sueño”. Y conforme me di cuenta de aquello, me desperté. Aún sigo sorprendido por la sangre fría que tuve de asesinar a ese hombre sin ni siquiera pensarlo. Menos mal que solo es un sueño...