jueves, 18 de septiembre de 2014

Sueño 9. En otro mundo

Fecha del sueño: 18/09/2014.
En este sueño ocurren dos cosas que nunca me habían pasado: la primera, yo como personaje no tengo la misma edad en todo el sueño; y la segunda, el protagonista del sueño no soy siempre yo (aunque no lo recuerde, sé que hay escenas en las que tomo la perspectiva de mi hermano). Es como ver una película.

La primera escena que recuerdo consiste en lo que parece un viaje familiar en coche. Nos encontrábamos mi hermano y yo en una versión de cuando éramos pequeños, quizás hace unos 10 años (tendría yo entre 7 y 12 aproximadamente). Viajábamos en un coche, el cual parecía normal y corriente, y esto lo digo por lo que pasa a continuación.
Mientras mi hermano y yo hacíamos las típicas tonterías que hacen los niños, llegamos a una ciudad y en ese momento mi padre buscaba el aeropuerto. En este punto hay una laguna.
Intentando buscarle lógica a los acontecimientos, quizás el aeropuerto no era uno normal o quizás fuera el coche y ya estuviéramos allí desde el principio, pero cuando me di cuenta nos encontrábamos en otro mundo. Debido a la enorme similitud con el nuestro, la teoría más aceptable es la de que no fuera otro planeta, sino un Universo paralelo, aunque ninguna de las dos ideas es totalmente descabellada.
No estábamos en aquel lugar por casualidad ni de vacaciones. Teníamos una misión: salvar a sus habitantes. Aunque desde fuera todo parecía tranquilo, al parecer la gente de allí estaba sufriendo por alguna razón (algún tipo de dictadura tiránica, escasez de recursos, enfermedades... no llegué a saberlo con seguridad). Para completar la misión, además de reunir información debíamos obtener cierto objeto u objetos, los cuales no recuerdo. Básicamente la misión la llevaron a cabo casi entera mis padres. Nosotros, los hijos, estuvimos la mayor parte del tiempo jugando y dando vueltas por ahí.
En una de esas vueltas descubrí que la ciudad estaba separada en dos distritos. Uno de ellos tenía una sola entrada y era totalmente subterráneo y a oscuras. Pude comprobar que los habitantes de aquel distrito eran orcos. No orcos como tal, pero eran muy parecidos: vestían igual (con taparrabos), no tenían casi pelo, su tono de piel era oscuro, grisáceo y a veces verdoso... Aquellos habitantes, aunque bastante maleducados (recuerdo que una vez entré a su distrito y comenzaron a jugar conmigo a juegos macabros y por poco me matan, menos mal que conseguí escapar), eran trabajadores y parecían vivir en paz con el resto siempre y cuando no se les molestara. Sin embargo, no eran ellos a los que veníamos a ayudar.
Después de salir de aquel agujero de ratas, conocí a una mujer (pelo castaño oscuro, largo y liso) que era doctora, no sé muy bien de qué, pero parecía una científica. Nos conocimos y nos hicimos muy amigos. Ella tenía un despacho justo al lado de la entrada del distrito de los “orcos”, pero nunca la molestaban. Muchas veces iba a su despacho y hablábamos o jugaba con ella (acordaos de que era un niño). A veces me daba bizcocho de chocolate y todo.
Mi familia y yo nos alojábamos en una habitación. Como queríamos pasar desapercibidos y teníamos material que podría ser detectado, poseíamos una manta bajo la cual todo era indetectable (no es magia, es tecnología). A mis padres apenas los veía, siempre estaban ocupados, y mi hermano iba por libre como yo.
Por lo visto pasaron años, pues yo crecí (tendría en ese momento unos 14-16 años). Un día, la doctora detectó, con un aparato que ella tenía, un material extraño (para ella, claro) que yo llevaba encima. Sin decirme nada, se fue del despacho a consultarlo con expertos. Para que yo no me fuera, me dejó varios trozos de bizcocho de chocolate, que estaban buenísimos por cierto.
Yo, que no era muy mayor, pero tampoco era tonto, sospechaba que algo no iba bien, y creo que escuché alguna conversación. Conseguí escapar de allí sin ser visto y estuve un tiempo oculto bajo la manta de mi habitación. Por lo visto ellos sabían que había personas infiltradas planeando algo, pero no sabían quiénes eran.
Un día, tiempo después de aquello, nos encontrábamos haciendo cola para alguna actividad, no sé cual. Esta vez éramos 4: mi hermano, otros dos de mi edad más o menos y yo. Los otros dos no sé quiénes eran, pero nos estaban ayudando. Quizá eran de aquel lugar y se unieron a nosotros. Como la gente de allí no nos conocía, pues siempre pasamos desapercibidos, sospechaban de nosotros. Todos. Nos miraban mal por donde íbamos.
En aquella cola solo había niños, algunos de nuestra edad y otros más pequeños. De repente uno nos tiró una zapatilla. Yo me acerqué y le pregunté de malas maneras por qué lo había hecho. No me respondió y le empujé, a lo que vinieron más a por nosotros, dispuestos a pelear. No sé si es porque nosotros 4 éramos unas máquinas luchando o simplemente los demás eran pésimos, pero no había quien nos tocara. Sin embargo, cada vez venían más y más hasta que nos vimos obligados a irnos de allí a toda prisa.
En ese momento llegó la policía de aquel lugar e hicieron una barricada con las motos para que no pudiésemos huir. Al ver tanto policía supimos al instante que sabían quiénes éramos. Por suerte encontramos un hueco y escapamos cuesta abajo, hacia la playa. Era el único camino que podíamos tomar, pero no teníamos ningún plan de huida y no sabíamos nada de mis padres.
Constantemente se nos interponían policías en el camino. Nos vimos obligados a hacerles frente. Ellos eran bastante malos peleando (o quizá nosotros demasiado buenos) porque yo solo podía tumbar a dos a la vez fácilmente y además ellos no llevaban armas. Recuerdo que yo iba con una mano metida en una zapatilla a modo de guante para dar tortas.
Así, fuimos abriéndonos paso a golpe limpio y no había quien nos parase. En un momento determinado nos encontramos cara a cara con un grupo de unos 4 policías y uno de ellos, una mujer, justo cuando iba a tumbarla me dijo en voz baja: “Sabemos que queréis ayudar”, dando a entender que no iban a detenernos pero tenía que parecer que nos estaban persiguiendo.
Por fin, llegamos a la playa y en el agua estaban mis padres con una minibalsa, esperándonos. Nos llamaron y fuimos allá. Teníamos a algunos policías detrás. Cuando llegamos a la minibalsa (porque ahí no cabían 4 personas ni de coña, pero conseguimos meternos dentro) los otros dos amigos y algunos policías nos ayudaron a salir de allí, para nuestra sorpresa. Por último, nos despedimos y la balsa fue mar adentro.
Eché un último vistazo a aquel lugar. La arena de la playa era blanca, pero el agua no era azul. En algunos tramos era verde claro y en otros dorada. Yo no tenía ni idea de cómo íbamos a salir de allí en aquella minibalsa, sin comida ni agua, con medio cuerpo en el agua y con medusas y plantas carnívoras a nuestro alrededor (una planta gigante me mordió en el hombro). Aún así confiaba en mis padres, pues ese plan era suyo y se supone que nos iba a sacar de allí.
Las moscas también eran doradas. Era un sitio diferente, pero muy parecido al nuestro. Y después de todo lo que habíamos pasado, parece que al final cumplimos con la misión.

En ese momento me despierto. ¡Justo a tiempo!

domingo, 7 de septiembre de 2014

Reflexión sobre la comunicación actual


    En esta reflexión me gustaría hablar sobre algunas consecuencias de las nuevas tecnologías. Como todos sabemos, hoy en día la gran mayoría de personas poseen un teléfono móvil, muchas veces de última generación, con Internet y todo lo que ello implica. En efecto, me refiero a aplicaciones de mensajería como Whatsapp, pero también otras como Twitter, Instagram, Facebook, etc. No cabe duda de que las redes sociales están muy extendidas entre la población ni de que casi todo el mundo tiene Whatsapp.
    Sin embargo, aunque todo esto no es malo en sí - de hecho mediante las redes sociales interaccionas con muchas personas y mediante el Whatsapp puedes hablar en el momento con cualquiera que lo tenga- , con frecuencia invade nuestra vida hasta el punto en que prácticamente dependemos de ello y en ocasiones se convierte en adicción. Este hecho tiene numerosas consecuencias. Las más inmediatas son, por ejemplo, que tus distracciones aumentan considerablemente dificultando tu concentración en una tarea concreta, y por supuesto, dispones de menos tiempo para hacer otras cosas que casi seguro son más productivas y gratificantes.
    No obstante, la consecuencia más grave desde mi punto de vista es que, si bien eres más "social" en redes sociales (valga la redundancia), lo eres cada vez menos en la calle, en la vida real. Está bien tener 500 "amigos" en Facebook, pero realmente ¿cuántos de ellos son realmente tus amigos? ¿Con cuántos de ellos hablas? ¿Con cuántos de ellos quedas en persona para hacer algo divertido o simplemente pasar el rato? Y lo más importante: cuando quedas con alguien en persona, ¿estás realmente con él/ella todo el rato? ¿Eres capaz de estar con un grupo de amigos pasándolo bien sin mirar continuamente el Whatsapp? Esta es una de las cosas que realmente me preocupan. Como sociedad, nos estamos volviendo (obviamente no todos) un tanto antisociales en la vida real, aunque luego seamos muy populares en Twitter o similares. Por desgracia, voy por la calle y mucha gente apenas mira por dónde va, apenas levanta la vista de su móvil (y aunque suene algo hipócrita, admito que yo a veces también lo hago aunque intento que no sea así). Hay cosas hermosas ahí fuera: paisajes, momentos efímeros, detalles que pasan desapercibidos para muchos, PERSONAS REALES... algunos leerán esto y pensarán "¿y qué?", pero hay más: grupos de amigos que quedan para pasarlo bien y luego están sentados en círculo, sin hablar, todos mirando las pantallas de sus móviles. Incluso he llegado a ver parejas que salen a cenar juntos y ni siquiera se miran a la cara por la misma razón. ¿Hasta dónde vamos a llegar?
    Para ilustrar todo lo anterior, os dejaré un vídeo que merece la pena ver. A mí sinceramente me llegó el mensaje, consiguió emocionarme.



    La primera frase del vídeo me encanta: "Tengo 422 amigos. Aún así, estoy solo." Apostaría dinero a que más de uno se siente así. Si es tu caso ¿por qué no haces nada por cambiarlo?
    Ahora que he mostrado el lado oscuro de este tema, debo decir que cuando salgo a la calle no es todo tan negro. Afortunadamente, no todos van mirando el móvil todo el rato. Algunos, como yo (y por supuesto otros), miran lo que les rodea: los edificios, la gente pasar, el cielo... en mi caso, por ejemplo, me gusta observar, aunque sean detalles mínimos. Cuando salgo con mis amigos por ahí, hay en realidad mucha gente divirtiéndose de verdad, dejando el móvil a un lado por un tiempo, y eso es bueno.
    Aún así, cuanto más tiempo pasemos mirando el móvil más cosas nos vamos a perder en la vida, y eso es un hecho (en el vídeo aparece claramente). De manera que os animo, al igual que en el vídeo, a utilizar menos el Internet en general y dedicar más tiempo a las relaciones interpersonales.
    Me gustaría acabar esta reflexión con algo que vi el otro día, me pareció una iniciativa muy buena. Se trata de un día (el 4 de octubre) en el que se anima a que dejemos el móvil, el ordenador, etc. y hagamos otras actividades. Nada de mensajes, nada de llamadas, nada de Internet durante 24 horas. ¿Seríais capaces de estar ese tiempo sin algo que estamos acostumbrados a utilizar todos los días?
    Yo tengo pensado participar, y os animo a que vosotros también lo hagáis. El enlace a la página donde está dicha iniciativa es el siguiente: Day of Disconnect
    Estar un día incomunicado, electrónicamente hablando, puede ser complicado. También puede ser desde el mejor día de tu vida hasta el más aburrido. Por tanto, a esta idea he decidido añadirle algo más. He pensado que ya que dejamos las comunicaciones podríamos aprovechar para hacer una quedada entre los participantes y así además tendremos la oportunidad de conocer a personas (reales) y compartir la experiencia, dedicando así más tiempo a la vida real y menos a la virtual. Como en estos momentos me encuentro en Madrid, la quedada sería aquí. Los que vivan en otras ciudades podrían venir a Madrid u organizar quedadas en sus zonas. Como ese día no podríamos utilizar el móvil, se fijaría un lugar y hora determinados de antemano y problema solucionado (eso sí, los que fueran tendrían que comprometerse a ir ya que no podrían avisar en caso de no poder).
    Los interesados por favor habladme y seguidme en Twitter (@shylosdream) ya que ahí se fijará lugar y hora de la quedada. Espero que os unáis. ¡Un saludo!

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La cara "oculta" de la Historia

    Atención: las imágenes que veréis a continuación serán impactantes... En efecto, lo son porque apuesto a que más de uno se sorprenderá (incluido yo). Es la cara "oculta" de la Historia; la razón de las comillas es que, aunque son imágenes públicas al alcance de todo el mundo, pocos saben de la existencia de momentos como estos. Sin duda es algo que creo que todos debemos ver, ya que nos mostrará algo que no vemos con frecuencia. Es, diría yo, la prueba definitiva de que hay esperanza incluso en las peores situaciones, como son conflictos y guerras, como aparecen en el enlace siguiente.
     Por ejemplo, echad un vistazo a esta foto, en la que tres soldados alemanes ayudan a un soldado francés en la I Guerra Mundial, a pesar de que fueron enemigos en el frente de batalla. Realmente increíble.

   Viendo esto, mi pregunta es: ¿por qué no figuran momentos como este en los libros de Historia?
42 emocionantes momentos en que la compasión humana venció a la violencia